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VIAJE A HELSINKI (FINLANDIA) Y SAN PETERSBURGO (RUSIA). MAYO 2003.

 ITINERARIO
DIA 1  MADRID - HELSINKI
DIA 2  HELSINKI - HELSINKI
DIA 3  HELSINKI - SAN PETERSBURGO
DIA 4  SAN PETERSBURGO
DIA 5  SAN PETERSBURGO
DIA 6  SAN PETERSBURGO
DIA 7  SAN PETERSBURGO - HELSINKI
DIA 8  HELSINKI 
DIA 9  HELSINKI - MADRID
 PREPARATIVOS

    Después de cuatro años estudiando ruso en la escuela oficial de idiomas este debía ser el año en el que demostrar cuánto he aprendido. No obstante, debido a los trámites y papeleos que conlleva el visitar Rusia, en un principio no tenía pensado visitar San Petersburgo, visitando en su lugar Estocolmo. Sin embargo, Simón, mi compañero en esta aventura, pensaba que ya que estábamos en Helsinki, ¿por qué no pasar a Rusia?. Lo cierto es que no tuvo ni que insistir, y para ser sincero, la idea la sugerí yo.

    Así pues, lo primero de todo es conseguir el visado de entrada en Rusia, que fue mucho más fácil de lo que en principio pensaba. "Simplemente", tuvimos que contratar un seguro de viaje con una de las pocas compañías que acepta la Embajada de Rusia, rellenar el formulario de petición de visado con una fotografía, conseguir la invitación  y el voucher deservicios y pagar los 58 euros que te cobran en la embajada.

      Primero intenté conseguir la invitación, ya que sin eso, el resto no tenía sentido. Contacté con un par de hoteles económicos en San Petersburgo. Costaba la habitación doble unos 90 euros (aunque los precios te los dan en dólares, pero por aquel entonces un euro era exactamente un dólar) y la invitación y voucher costaba unos 50 euros, lo que me parecía un tanto caro, así que recurrí, como siempre, a los albergues internacionales. En San Petersburgo hay dos, y me decidí por el más barato, el Puppet Theatre Hostel, así que contacté con ellos y me enviaron el formulario para pagar. Para que te den la invitación y el voucher (ambas cosas se denominan "visa support") tienes que pagar la primera noche en el albergue (19$), más el visa support, que son 25$ por la invitación, y 10$ por los gastos de envío. Envías por fax el formulario que te envían, indicando los datos de tu tarjeta de crédito y en 24 horas te envían por fax la invitación y el voucher. 

    Lo siguiente es conseguir el seguro, con una de las compañías homologadas para Rusia. No vale cualquiera, sólo estas. El seguro viene a costar unos 24 euros por 10 días, pero dado que últimamente no paro quieto, me hice un seguro de viaje por un año a un precio bastante económico (49 euros), que además me cubre el rescate en montaña. 

    Para terminar, una vez rellenada la solicitud de visado hay que ir a la embajada a por el visado. Dependiendo de la urgencia con la que lo pidas y si es para una o varias entradas te cuesta más o menos. Nosotros lo pedimos con 15 días de antelación y una entrada, por lo que nos cobraron la tarifa mínima (58 euros). Por cierto, que si te lo sacas para varias entradas en una año, te piden además la prueba del SIDA. 

    Bueno, pues ya tenemos todos los papeles, ahora el problema es ver quién va a entregarlos a la embajada, ya que tienen un horario un tanto incomodo para la gente que trabaja, y además el pago ha de hacerse con tarjeta de crédito, por lo que no puede ir cualquiera. Finalmente, fue el padre de Simón quien fue a llevar los papeles y a pagar.

    En unos diez días teníamos ya nuestro visado, que es una pegatina colocada en una de las hojas de tu pasaporte, que dice tu nombre en Ruso, y las fechas en la que vas a entrar y salir del país. Lo que más me fastidia, que sale por unos 100 euros. Desde luego es el dinero más tonto que he podido gastar nunca, aunque si no lo gastas no entras en Rusia.

    El resto de la preparación del viaje no era complicado. El vuelo lo hicimos directo por Finnair (370 euros), aunque podíamos haberlo hecho vía Amsterdam por KLM, pero la diferencia de precio, (éste costaba 340 euros), nos hizo decidirnos por el vuelo directo.

    El alojamiento en Helsinki lo reservamos sin el más mínimo problema en los dos albergues que hay en Helsinki. También reservamos sin mayor problema el ferry para visitar Tallinn en Estonia desde Helsinki. 

    Pues nada, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOS VAMOS A RUSIA!!!!!!. Itinerario

 DIA 1.- MADRID - HELSINKI.

    El vuelo sale del aeropuerto de Madrid-Barajas a las 10:00, pero como hay que estar un par de horas antes para pasar los controles de seguridad y facturar, he quedado con Simón en Leganés sobre las 7:00. Nos acerca al aeropuerto mi hermano Juan en el coche y en seguida estamos allí. Descargamos, buscamos el mostrador de facturación y esperamos a que abra.

    Nada más abrir el mostrador de facturación nos ponemos en la fila para deshacernos de las mochilas y estar más cómodos. Como siempre, me he puesto en la fila que avanza más lentamente. Delante de nosotros hay unos típicos nórdicos, que no se que problema tendrán para facturar, pero están un buen rato. Por fin nuestro turno. Facturamos rápido y nos vamos a buscar la puerta de embarque, aunque como la localizamos rápido, el resto del tiempo deambulamos por las tiendas del aeropuerto. Dicen que estas tiendas son más baratas, pero la verdad es que a mi no me parece que haya nada barato, salvo el tabaco y el alcohol, y yo ni fumo ni bebo.

    Con tanta tienda la espera no se hace larga y en seguida estamos en la cola para embarcar. Según entramos por el pasillo cogemos un par de periódicos para leer durante el viaje, que dura unas cinco horas, y que desarrolla normalmente, entre leer el periódico, ver en la pantalla por donde estamos pasando, mirar por la ventanilla (poco pues Madrid nos despide con lluvia, y hasta llegar a sobrevolar Dinamarca no se ve nada más que nubes),  y la comida que te sirven las azafatas, que sin ser una maravilla, está bastante bien.

    Por nuestra compañera de asiento nos enteramos que el vuelo no es directo, sino que hay una parada en Estocolmo (Suecia), aunque no tenemos que bajarnos del avión. Nuestra compañera es una señora de mediana edad, argentina, aunque vive en Kalmar, al sur de Suecia, desde hace años, y vuelve desde Argentina. Lleva un viaje de unas 24 horas. Al llegar a Estocolmo se baja del avión.

    Desde el avión se ve un día soleado, en el que no parece que haga demasiado frío, aunque el paisaje que hemos sobrevolado, una vez que se han ido las nubes es aún invernal. La primavera no ha llegado aún por estas latitudes. Estamos en el aeropuerto aproximadamente una hora. Después despegamos hacia Helsinki, donde llegamos en 40 minutos. Recogemos el equipaje y esperamos el autobús 615 que nos lleva hasta el mismo centro de Helsinki. La espera no es larga, y aunque el sol brilla se nota viento gélido, más que frío. El autobús cuesta 3 euros y nos deja en la estación de trenes de Helskinki, que está justo en el centro de la ciudad, en una media hora. Nos llama la atención que hay instalada una carpa, aunque no le hacemos mucho caso, ya que lo primero que hay que hacer es recoger los billetes que tenemos reservados de tren para ir a San Petersburgo. Hemos llegado un poco antes de las cinco y media, por lo que tenemos el tiempo justo. No hay nadie esperando en esa ventanilla, así que los billetes los tenemos rápidamente.

    Los billetes de tren a San Petersburgo desde Helsinki de ida y vuelta los reservé desde Madrid por internet. La compañía de ferrocarriles finlandeses me puso en contacto con su agente en España, con quien estuve hablando para sacar los billetes, pero nos cobraban 145 euros a cada uno, cuando comprándolos allí en Finlandia costaba 95 euros. En resumen, que nos ahorramos 50 euros cada uno comprando el billete en Finlandia.

    Una vez tenemos los billetes, inspeccionamos la carpa que hay en la plaza. Nos enteramos que son los campeonatos mundiales de hockey sobre hielo y que se están celebrando en Finlandia. Claro, como en España este deporte no es de interés, no habíamos oído nada. Tienen montada la carpa donde hay dentro una pantalla gigante y otra pantalla fuera, con un montón de mesas para ver los partidos. Por supuesto hay un bar, aunque a nuestro parecer las consumiciones son bastante caras ya que una simple cerveza cuesta 6 euros ¿será este el precio normal de una cerveza o es más caro por tomarlo allí?. Nos asusta que sea tan caro. Simplemente damos una vueltecilla por el recinto, que por otro lado no es demasiado grande, y después vamos hacia el albergue, que se encuentra en el barrio de la catedral ortodoxa, cerca del puerto (a dos calles para ser exactos). Aún no nos hemos hecho con la ciudad, como es obvio dado que acabamos de llegar, y damos una buena vuelta para llegar al albergue.

    El albergue es el Eurohostel, un edificio blanco, grandote. Nos registramos, pagamos y vamos a la habitación. Este albergue está abierto 24 horas, así que podemos entrar y salir cuando queramos. La habitación es una habitación doble, luminosa y amplia, aunque nos han cobrado más de lo que teníamos previsto, por lo que repasamos la factura. Evidentemente ha habido un error y nos han cobrado el doble de lo que tenían que cobrarnos, así que antes de salir a visitar la ciudad reclamamos en recepción y efectivamente, nos habían cobrado de más, por lo que nos devuelven el dinero de inmediato. Salimos del albergue a visitar la ciudad, aunque primero vamos hacia  el puerto a ver los ferris que salen mañana hacia Tallinn (Estonia). Deben ser las seis de la tarde, por lo que ya está todo absolutamente cerrado, aún así hacemos un reconocimiento rápido del puerto, para ir directos al día siguiente. 

    Nuestra primera parada turística es la plaza del mercado, donde se encuentran el ayuntamiento, la embajada de Suecia y el palacio presidencial, donde siempre hay soldados de guardia. Son edificios cuidados pero que no dicen nada en especia. Desde aquí salen los barcos hacia Suomennlina, la fortaleza patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Mientras miramos los horarios, conocemos a dos españoles que también acaban de llegar a Helsinki, aunque ellos están en viaje de negocios y vienen de Laponia. Naturalmente, comentamos el frío que hace.

    Justo detrás de la plaza del mercado se encuentra el edificio neoclásico blanco de la catedral, con sus características cúpulas. Está cerrada, así que no podemos pasar a verla. Seguimos por esta calle hasta la estación de metro, donde ya hay gente en la carpa viendo el partido y bebiendo cerveza en la calle. Hace demasiado frío para estar en la calle parado, así que nos metemos en un centro comercial y entramos en el supermercado a comprar pan, fruta y algún bollo. Después damos un vistazo al centro comercial para ver que es lo que se puede hacer por allí para comer. Salimos y proseguimos el reconocimiento por la calle principal. No hay demasiada gente por la calle, pero hay más movimiento del que me esperaba. Vemos a unos chicos vestidos con monos que parece que están vendiendo algo.  Llegamos hasta la iglesia de San Juan, de estilo neogótico, y la mayor de Helsinki, que sin embargo no nos produce demasiada impresión, como el resto de la ciudad.    Decidimos volver al albergue a cenar y después volveremos a salir para tomar algo.

    El albergue tiene una cocina en cada planta para preparar tu propia comida, además tiene una televisión. Entramos en la cocina de nuestra planta, y en ella hay un tipo un tanto extraño viendo el partido de hockey del mundial. Según terminamos de cenar nos marchamos a la habitación. La primera intención es la de salir, pero, debido al frío y la falta de gente que hemos visto por la calle, decidimos quedarnos en el albergue y dormir.  Itinerario

DIA 2.- HELSINKI .

    En Finlandia sobre las cinco de la mañana ya es de día y con sol, y esto unido a que no hay persianas ha hecho que Simón se despierte poco después de salir el sol y yo un poco después. Es un día soleado también, pero hace incluso más frío que ayer. Lo primero que hacemos es ir a la terminal de Viking Line para ver si podemos sacar billetes de ferry para ir a Tallinn el sábado siguiente. Resulta que teníamos reservados unos billetes desde Madrid en un barco rápido para ir y venir en el día, pero parece ser que que hay aún hielo en el mar, así que no salen los barcos rápidos, solo los barcos grandes. Pues bien, en Viking nos dicen que sus barcos solo van a Estocolmo, así que vamos a la siguiente compañía, pero sus oficinas están completamente cerradas y dice un cartel que debido al hielo se suspenden todos los barcos rápidos hasta mediados de mayo. Si esto es así en el resto de compañías, no podremos visitar Tallinn.

    Desde aquí tomamos el barco para Suomenlinna, que cuesta dos euros y nos deja allí en unos quince minutos. Comenzamos la visita de la fortaleza, parando primero en una iglesia, que primero fue ortodoxa y después modificaron para hacerla protestante. Por las fotos que hay contando la historia de la iglesia, era mucho más bonita cuando era ortodoxa, ahora lo único que tiene curioso es que es un faro, por que el edificio no vale para nada. La siguiente parada es en la tienda, donde hay un museo que te cuenta un poco la historia. El museo es pequeño y cuesta 5 euros, así que no pasamos. Recuperamos calor en la tienda durante un rato par volver a seguir visitando la fortaleza. La verdad es que no hay nada, se ven algunos bastiones y quedan algunos cañones, pero nada de interés. Desde aquí sí se ve gran cantidad de hielo flotando en el mar. No nos está gustando la visita, así que decidimos volver a Helsinki. Mientras esperamos el ferry, conocemos a otros dos españoles, una chica y un chico. Ambos han llegado hace una semana para trabajar en una empresa de telefonía móvil (la sueca, no la finlandesa). Nos cuentan cosillas de los que es la vida en Finlandia: resulta que los chicos que veíamos con monos por la calle están reuniendo dinero para celebrar el fin de curso, que según parece cosiste en poner una bufanda en la estatua que hay en la plaza del mercado y emborracharse hasta perder el sentido. El mono que llevan es el traje de batalla para no ensuciar la ropa y algunos llevan incluido el nombre y la dirección por si la policía los encuentra tirados por la calle, llevarlos a casa.

    También nos cuentan que los barcos a Tallínn y Helsinki van siempre llenos, dado que al atravesar aguas internacionales, lo que se vende en él está libre de impuestos, y que tanto los de Estocolmo como los de estas otras dos ciudades los toman para emborracharse más barato, ya que el alcohol no tiene tantos impuestos. Otra de las cosas que nos cuentan es que debido al frío que hace en invierno (no olvidemos que estamos casi en el polo norte), durante su largo invierno pasan el tiempo trabajando la madera o restaurando coches americanos de los años sesenta. De hecho hemos visto alguno paseándose por las calles de Helsinki. 

    Al llegar a Helsinki nos despedimos de ellos, si bien, nos han dado su teléfono para que les llamemos el sábado, cuando volvamos de San Petersburgo, para salir un rato. Pues bien, ya tenemos plan para la vuelta.

    Una vez en Helsinki vamos a la terminal de Silja, que está en el mismo puerto, pero que tampoco tiene barcos a Tallinn, ya que los rápidos no los sacan por hielo y los grandes hacen un crucero a Tallinn de 21 horas. Decidimos visitar otra compañía de ferris para ver si hay más suerte, Tallink, aunque se encuentra en otro puerto en la otra parte de la ciudad, aunque no Helsinki no es demasiado grandes. Vamos dando un rodeo para seguir viendo la ciudad. Llegamos al puerto y preguntamos. El ferry tarda tres horas en ir y otras tres en volver, y cuenta unos 25 euros ida y vuelta. Decidimos comprar los billetes para el proximo sábado, pero.... nuestro gozo en un pozo, no hay billetes, está todo completo. 

    Volvemos al centro y comemos en un kebab que hay en frente de la estación. No está mal, pero cuesta justo el doble de lo que cuesta aquí en España. Después de comer hacemos vamos hacia el estadio olímpico, dando la vuelta al lago que hay en la capital. Empezamos desde la estación de trenes, pasando por el parlamento de Finlandia, que según dice la guía es el edificio más imponente del país. Pues si esto es lo mejor del país, está claro que el resto no tiene mayor interés. Pasamos por delante del museo nacional, que es un edificio más bonito, y nos metemos en el parque, donde se encuentra el Finlandia Hall, el palacio de congresos de Helskinki. Hace mucho frío, pero aún así hay algo de gente por el parque corriendo, montando en bici o andando. Me llama mucho la atención, que la gente que andaba era en su mayoría gente mayor y llevaban todos bastones, como los que llevan los que hacen esquí de fondo, pero estos terminados en una especie de pata de cabra. Llegamos hasta el estadio olímpico, un edificio blanco, con pinta de antiguo. Lo rodeamos para ver dónde está el albergue donde nos alojaremos a nuestra vuelta de San Petersburgo.

    Hace mucho frío, sobre todo cuando sopla el aire, y  además Simón se encuentra un poco fastidiado del estómago, así que decidimos volver al albergue. De todas formas al día siguiente hay que levantarse a las siete para ir hasta la estación y tomar el tren hacia San Petersburgo.

    Antes de dormir me quedo un rato viendo la tele. Ponen Regreso al Futuro III, en versión original con subtítulos en finlandés. En estos países no doblan las películas, supongo que es porque vive poca gente y no resulta rentable. Mañana más. Itinerario

DIA 3.- HELSINKI - SAN PETERSBURGO.

    Nos levantamos muy pronto para ir a la estación. Nuestro tren sale a las 7:42 y llegamos con tiempo más que de sobra a la estación. Aún no está el tren, así que damos una vuelta por los puestos de comida de la estación para desayunar algo y esperamos a que el tren esté en el andén, lo cual no tarda mucho en suceder. 

    El tren no es nada del otro mundo. Igual que el resto de trenes de larga distancia. Para ir a San Petersburgo, después de dejar Helsinki, el tren sube hacia el norte. Por las ventanas la impresión es de que hace bastante frío, lo cual se confirma en el momento que empieza a nevar. Según seguimos camino hacia Rusia, el paisaje es frío, ya que los lagos y ríos que atravesamos tienen una considerable capa de hielo. Poco antes de llegar a la frontera, la policía de  frontera de Finlandia nos pide el pasaporte (simplemente lo miran, sin más) y nos dan la declaración de aduana, en la que hay que indicar la cantidad de dinero con la que entras en el país, tanto en rublos como en otras monedas, si llevas coche, teléfonos móviles, etc. Incluso te piden que indiques el material impresos que llevas, que supongo que son los libros, por tanto les pusimos que llevábamos la guía de conversación y el diccionario. También hay que rellenar una hoja con nuestros datos y se llevan nuestro pasaporte.

    Llegamos a Biborg, ya en Rusia, donde para el tren y entra la policía rusa, que nos pide la declaración de aduana y la revisa. Nos dicen que no era necesario indicar los libros que llevamos, nos sella la hoja y nos devuelve el pasaporte, también sellado. Hemos estado parados casi una hora en la frontera, pero la verdad es que me ha parecido más fácil de lo que pensaba el entrar en Rusia.

    Rusia tiene una hora más de diferencia con Helsinki, y por lo tanto dos con España. Sobre las cuatro de la tarde, hora de San Petersburgo, llegamos a la estación de Finlandia, situada en el norte de la ciudad. Salimos de la estación dirección al albergue, pasando por la plaza de Lenin, donde se encuentra una de esas estatuas de Lenin, en actitud de dar un discurso, que eran tan frecuentes por toda la Rusia comunista. Nos quedamos sorprendidos de la cantidad de tráfico que hay, como en el mejor de los atascos en Madrid, de hecho, cada vez que tenemos que cruzar nos los pensamos un tanto. Yo pensaba que se cruzaría al estilo marroquí: tú cruzas y los coches se encargan de esquivarte, pero no, si cruzas así estás perdido, así que hay que esperar el momento oportuno.

    Es fácil llegar al albergue desde la estación: todo derecho y la quinta o sexta calle a la izquierda. Enseguida cruzamos el puente Liteinii, sobre el río Neva, que, claro, acostumbrado al Manzanares, este río parece casi un océano. Desde aquí ya se divisa la fortaleza de Pedro y Pablo, pero no he podido ver el Aurora por simple falta de atención. El puente conduce a la avenida Liteinii. Como todas las calles de la ciudad, es una calle ancha, anchísima para lo que estamos acostumbrados por aquí. Mi mirada se dirige a absolutamente todos los carteles que hay, tanto en las tiendas, como en los medios de transporte. Por cierto que en San Petersburgo hay toda clase de medios de transporte, está el metro, del que hablaré más adelante, hay tranvías, trolebuses, autobuses, taxis y taxis grandes (por llamarlos de alguna manera) y taxis de auto-stop (tanbién por llamarlos de alguna manera). Los tranvías y trolebuses está claro lo que son, lo que llama la atención es que la indicación de parada no está como lo que conocemos por aquí, es decir, un poste a ras de suelo o una marquesina, sino que se indica en un cartel colgado a unos cuatro o cinco metros sobre el suelo. 

    Los taxis grandes, que aunque no los usamos y no nos enteramos de cómo funcionaban, por lo que pudimos observar son una especie de mibuses (10 - 12 personas) que tienen una ruta establecida, aunque te paran y te cogen en cualquier sitio de la ruta. Los taxis de auto-stop, consiste en que tu te pones en la calzada con el brazo y la mano extendida. la palma de la mano está mirando hacia abajo (parece que así es como se hace auto stop en Rusia, y no con el pulgar hacia arriba) hasta que para un coche, le dices al conductor donde quieres ir, acuerdas el precio y te marchas, y aunque nuestra mente no haga pensar, en el caso de ser conductor que ¿cómo voy a meter en mi coche a cualquiera que me pare por la calle? y si eres pasajero ¿cómo voy a ir en un coche con alguien que no conozco?, lo cierto es que hemos visto muchísima gente hacer uso de este invento, sobre todo mujeres. 

    Creo que en mi vida he disfrutado más leyendo carteles y nombres de tiendas que en el camino hasta el albergue. Me hizo mucha ilusión ver (y entender) una parikmajierscaya (peluquería), tiendas de rimont obubi (reparación de calzado), que por cierto hay muchas por la ciudad. Así estuve todo el camino, que no fue poco, pues, como ya he dicho, las calles son bastante grandes y hay que andar bastante más de lo que parece sobre el mapa. Sin embargo, la primera impresión que me ha producido la ciudad no es buena. Los edificios son barrocos, elegantes y bonitos... si estuviesen cuidados. Lamentablemente la impresión que me da la ciudad es que está en completa decadencia, con los edificios sucios y abandonados, sin embargo, la ciudad está muy limpia y no se van papeles por el suelo.

    Al llegar al albergue, la impresión es de desilusión total. Claro, yo esperaba un típico albergue, sin embargo es un edificio, descascarillado, como todos los demás y una vez dentro, poco más o menos igual que por fuera. Me recordaba por dentro a los edificios del centro de Madrid del barrio de Salamanca, pero descuidados y sin ascensor en el centro de la escalera. Vamos a la recepción a registrarnos, y nos dicen que les entreguemos al día siguiente el pasaporte para que lo lleven a registrar. No se si lo he dicho antes, pero es obligatorio registrar el pasaporte si vas a estar más de dos días en el país y sólo te lo puede registrar la agencia que te envía la invitación.

    La habitación que nos han dado es una habitación triple, pero que solo ocupamos nosotros. Nos cuesta 608 rublos a cada uno por noche. Bueno, no está mal del todo, lo malo es que da al exterior, a la avenida, y hay mucho ruido entre coches y sobre todo los tranvías que pasan, que hacen retumbar todo, pero también es cierto, que durante los días que estuve ni me di cuenta del ruido. Como decimos en mi familia: para dormir solo hace falta tener sueño, y yo de eso últimamente tengo mucho, para exportar, vamos.

    Después de haber tomado posesión de nuestra habitación, salimos a dar la primera vuelta de reconocimiento a la ciudad. Yo sigo completamente obnubilado con los carteles, todos escritos en ruso. Nos llama la atención la cantidad de tiendas de ultramarinos que hay, y sobre todo que muchas de ellas abren 24 horas. Vemos un restaurante de comida rápida rusa que está también abierto 24 horas. Ya tenemos donde comer, pues no está lejos del albergue y es barato. De momento no comemos, nuestra intención es llegar hasta el palacio de invierno, aunque estamos andando sin una ruta establecida. Más bien, deambulamos por las calles hasta llegar a la avenida Nevski, la calle principal de esta ciudad, que está llena de gente, todo lo contrario que Helsinki. Como he dicho antes, sobre el mapa no parece muy larga, pero desde principio a fin tiene cinco kilómetros. Pasamos por delante de algunos monumentos notables, pero no les prestamos demasiada atención. Nuestra idea es llegar al Ermitage o palacio de invierno. Por el camino tengo ocasión de intercambiar unas breves palabras en ruso unas chicas que están repartiendo propaganda. No se me da muy bien, pero he mantenido una miniconversación en ruso y eso es todo un logro. 

    Finalmente llegamos al Palacio de Invierno. Nos hacemos la foto de rigor y nos acercamos. Es un edificio magnífico de estilo barroco, pero.... está sucio y descuidado su exterior ¡¡¡¡¡¡Será posible!!!! si van a celebrar el tricentenario de la fundación de la ciudad en unos 20 días, y no lo han terminado de arreglar. El edificio del Estado Mayor, justo en frente del palacio y la columna que ocupa el centro de la enorme plaza ya están casi terminados de restaurar, pero al palacio de invierno no parece que le hayan hecho gran cosa. El edificio del almirantazgo, contiguo al palacio está totalmente cubierto de andamios y no se puede ver nada, ya que los andamios que hay colocados están aislados contra el frío (como es lógico) y es un andamio completamente opaco.

    Desde el palacio comenzamos de nuevo  a deambular por las calles de la ciudad sin una dirección concreta, hasta que llegamos a una plaza, de cuyo nombre no puedo acordarme ya que llegamos por casualidad al ver muchísima gente en ella.  Me da rabia, pero no recuerdo la plaza ni creo que pudiese volver a ella, pero estaba bastante animada, llena de cafés y bares. Hay bastante gente bebiendo cerveza en la calle. Habíamos visto algunos en la avenida Nevski, pero pensamos que eran gamberros, sin embargo, es muy habitual ver gente de cualquier tipo que lleva una cerveza en la mano mientras va caminando o está charlando con los amigos. Nos acercamos a uno de los cafés en el que puedo leer que sirven desayunos, comidas y cenas y leo un cartel que dice que puedes traer tu propia bebida, o eso creo, ya que absolutamente todo está en ruso. Decidimos entrar a ver si podemos comer algo. Una vez dentro el interior nos sorprende gratamente. Es un restaurante muy bien arreglado y está lleno de gente. Conseguimos sentarnos en una mesa y esperamos que nos atiendan, pero como nadie viene, decido ir a preguntar a ver como funciona.

    En la barra hablo con una camarera y le digo que me queremos comer algo y que me explique como funciona. Ella me acompaña a la mesa y me da la carta para que elijamos. Ni que decir tiene que está todo absolutamente en ruso, no obstante, puedo entender lo que son entremeses, carnes, pescados y bebidas. Ya que no como pescado, me decido por la carne. Solo conozco en ruso cerdo, ternera y pollo, pero me es más que de sobra para pedir una kotlieta pa kievski para Simón, que es una pechuga de pollo enrollada y empanada, con mantequilla y para mi ternera en salsa stroganov. Pedimos también una ensalada. Los platos llevan unas generosas guarniciones de patatas fritas, que he pedido yo, y arroz, que ha pedido Simón.

    Estamos comiendo, y oigo que una chica que hay justo en la mesa que está a la espalda de Simón dice a otra chica que está con ell: "llora, llora", se lo traduzco a Simón, y enseguida la otra se pone a llorar. No se que pasará, parece que están discutiendo, aunque no se por qué, no lo  entiendo, así que Simón empieza a montarse una película. La comida está bastante bien y además hay espectáculo. Me refiero a que empieza a cantar una orquesta, ¿que pensabais?.

    Terminamos las de comer, bastante bien, por cierto,  y pido la cuenta. Me he quedado flipao, he entendido la cantidad a la primera: 220 rublos. Pago con un billete de 500 y me quedo un rato mirando el cambio ya que aún no me he hecho con la moneda de allí. La chica me pregunta si está todo en orden y le digo que si. Al salir del albergue, hay gente que está bailando al son de la música. Salimos de nuevo a la calle y Simón, increiblemente, sigue teniendo hambre. Paramos en un puesto de Blinis, que son como crepes, rellenos de un montón de cosas, de las que entiendo solo unas pocas. Cada uno cuesta unos 10-15 rublos, pero hay mucha cola, así que continuamos. Vemos un McDonals y entramos para curiosear cuanto cuesta. Es muy barato. Simón quiere una botellita de agua, ya que el agua del grifo de San Petersburgo no se puede beber, así que le digo como se dice agua en ruso y la pide, pero parece que hay un problema, no le entienden. Pienso para mi que será que no hemos declinado la palabra, así que la declino, pero sigue sin entenderme. Ya me hacen dudar de lo que estoy pidiendo, empiezo a repasar mentalmente mis cuatro años de ruso, y resulta que agua es de las primeras palabras que aprendí, como puede ser que no me entiendan. Desesperado le digo que quiero una botella de agua, ¡¡¡¡una botella de agua, caramba!!!! no puedo estar fallando en esto. El chico pregunta ¿butilca mineralnai badi? (¿botella de agua mineral?), a lo que respondo desesperado que sí. Debe ser ese el truco, decir mineralnaya delante de agua. Tengo rotos los esquemas. Mis cuatro años de ruso se tambalean. ¡¡¡¡Cielos, se aún menos de lo que pensaba!!!!!

    Volvemos a la avenida Nevski y de allí, vamos a ver la iglesia de la Resurrección de Cristo o de la Sangre Derramada, pero antes paramos en un café a tomar algo. Simón pide un pedazo de tarta y un café, yo un té. El té es el típico té lipton, el cual odio, pero te lo sirven con una rodaja de limón que le quita el sabor y le hecho un kilo de azúcar. Nos lo tomamos tranquilamente y al terminar proseguimos hacia la iglesia, que se ve al fondo. Es ya de noche y está iluminada, y es fantástica, con sus cúpulas en forma de cebolla y los millones de detallitos que tiene la fachada. Increible. La rodeamos y volvemos a la avenida Nevski, de aquí hasta la plaza Vastaniya y hasta el albergue. No se a qué hora llegamos, pero ha sido un día largo, así que decidimos dormir. Itinerario

DIA 4.- SAN PETERSBURGO.

    No nos levantamos especialmente pronto. El desayuno está incluido en el precio del albergue, así que vamos a desayunar. Es un desayuno tipo bufet, pero no penseis que es como el de un hotel de cuatro estrellas. Esto es un albergue y obviamente el bufet está adecuado a la categoría de nuestro alojamiento. Hay té y café, yogures, pan, mantequilla, zumo de naranja y unos bollitos muy ricos. Desayunamos tranquilamente, y tranquilamente nos preparamos para salir a visitar más en serio la ciudad.

    Después de la vuelta de reconocimiento de ayer, ya estamos más o menos orientados, por lo que llegamos rápidamente a la avenida Nevski. Aquí, nuestra primera parada el la Catedral del Nuestra Señora de Kazan. Es una catedral ortodoxa pequeña, pero por fuera es mucho más grande ya que tiene unas largas columnatas a cada uno de los lados. Dentro está llena de iconos de la Virgen y diversos santos a los que les reza la gente. La señal de la cruz la hacen al contrario que los cristianos, ya que los brazos los hacen de derecha a izquierda (los cristianos de izquierda a derecha), y después hacen una reverencia. Esto lo repiten varias veces. También me llama la atención que al besar el icono, seguidamente le dan un coscorrón con la frente. La catedral es bonita. También dentro de la catedral está la tumba de uno de los generales, héroe nacional, que defendió Rusia contra Napoleón en 1812.

    Desde aquí vamos a la Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada. Es una maravilla, construida según el estilo ruso de los siglos XVI y XVII, fue levantada entre 1883 y 1907 en el sitio donde fue asesinado el Zar Alejandro I  en 1881. Tiene cinco torres con las típicas cúpulas en forma de cebolla. Estas cúpulas se hacen así porque evitan mejor que se acumule nieve en ellas, y también, para los más románticos, porque asemejan la llama de una vela ardiendo. Cuesta 250 rublos entrar y 125 para los estudiantes. Los rusos, sin embargo, pagan solo unos 50 rublos. Es algo frecuente ver que los no rusos pagan más que los rusos por entrar en los museos. No entramos ya que preferimos ir hacia el museo del Ermitage, pero antes visitamos un pequeño mercadillo de recuerdos que hay justo en frente. Tienen la típicas Matrioshkas, insignias y gorros comunistas, huevos y cajas decoradas y sellos. 

    Llegamos al Ermitage por la plaza Dvorsavaya Ploshat (plaza del palacio). Justo en el centro se encuentra la Columna de Alejandro, que según cuentan no está fijada al pedestal más que por el gran peso que tiene. La entrada al Palacio-Museo, se encuentra en el lado opuesto, frente al Neva. Tenemos que esperar un poco para entrar. La entrada cuesta 300 rublos, y es gratis para estudiantes (que bien), además, pagando 100 rublos compras un permiso para poder hacer fotos.

    Vamos hacia la entrada, pero nos dicen que debemos dejar nuestros abrigos en los roperos. Bueno, así lo hacemos y volvemos a entrar. La primera visión del palacio es la fantástica escalera principal, ricamente decorada al estilo barroco. Después se suceden una serie de habitaciones también muy bonitas y bien decoradas. Nos hemos desorientado un tanto dentro del palacio, y no sabemos muy bien donde estamos, pero ya comienzan las obras de arte. Hay cuadros de todas las escuelas y épocas. Me llama la atención ver el típico retrato de Felipe IV que sale en todos nuestros libros de historia, así como unos cuantos cuadros de Murillo, con sus típicos angelotes. Visitamos el museo, con sus salas impresionistas, sus picassos, etc. Nos ha gustado bastante, salimos del museo con la intención de ver la estatua ecuestre de Pedro I, pero el camino hasta llegar se nos hace un tanto largo, así que pregunto a un chaval, el cual me manda en dirección contraria. No importa. Cruzamos el Neva por el puente Kirovskii. A lo lejos vemos la cúpula de la mezquita y nos acercamos a verla. No es como las mezquitas que he visto en Marruecos o en Estambul, está es del estilo de la ciudad de Samarcanda, con las cúpluas pintadas en azul. Nos hacemos la foto y proseguimos a la Fortaleza de Pedro y Pablo. Este fue el primer edificio de la ciudad, lo malo es que están restaurando absolutamente todos y cada uno de los edificios que hay dentro, por lo que no podemos ver absolutamente nada. Aprovechamos que estamos allí para comprar un blini en un puesto que hay dentro de la fortaleza y salimos de la fortaleza cruzando hasta la isla Vasilievskii. Aquí vemos las columnas rostradas, dos columnas rojas, antiguos faros, de las que sobresalen proas de barcos. Es curioso pues nunca había visto nada así. Justo en frente se encuentra la antigua bolsa, actualmente el museo de la Marina. Este edificio lo están terminando de restaurar y están quitando los andamios. Justo al lado se encuentra el museo de ciencias naturales.   

    Se nota que es la zona universitaria ya que está llena de jóvenes. En un edificio veo un cartel que dice venta de libros, y entro a ver si hay algo interesante. Salgo satisfecho ya que he comprado un diccionario español-ruso-español bastante baratito. Seguimos el camino hasta el siguiente puente para cruzar a la otra orilla y pasamos por el embarcadero de las esfinges, llamado así porque hay dos esfinges que se trajeron de unas excavaciones en Tebas. Datan de unos 1500 años antes de Cristo. Están justo al lado del puente, el cual tomamos para cruzar el río.

    Todos los puentes de San Petersburgo son levadizos para permitir la navegación de barcos por sus aguas. Los puentes se van abriendo uno de tras de otro a partir de las 2 de la noche, por lo que si no estás en la isla que tienes que estar antes de esa hora, te quedarás allí durante unas cuatro horas, hasta que los vuelvan a bajar. 

    De camino a la estatua ecuestre de Pedro I, pero vemos gran cantidad de gente congregada. Se trata de una boda, y debe ser de gente rica, o bien es una boda montada a lo grande, ya que hay varias limusinas a la entrada de lo que deben ser los juzgados. Salen los novios. El tiene rasgos orientales y parece mucho más mayor que la novia, que es rusa, o por lo menos tiene sus rasgos. Comentamos Simón y yo que se casa con el hombre este por su dinero, etc. lo típico cuando ves algo así. Los volvemos a ver en la estatua de Pedro I, donde están  para que les hagan una foto soltando una paloma. La verdad es que la parafernalia de las bodas es igual en todo el mundo. Todo un montaje.

    La estatua está en la plaza de los Decembristas y consiste en Pedro I a caballo colocado sobre una gran piedra de granito, supongo. Justo al final de la plaza se encuentra la catedral de San Isaac, que también están restaurando y está llena de andamios. La entrada cuesta unos 50 rublos, pero no entramos ya que está cerrada. 

    Por decirlo así ya hemos terminado la visita turística de la zona. Paramos en un McDonalds a comer ya que nos lo hemos encontrado. Voy a pedir y vuelvo a tener problemas pidiendo la bebida. La conversación me resultó un tanto absurda. No entiendo que es lo que diría mal. Fue algo así:  ¿que quieres de beber?, pregunta la dependienta, agua, respondo. No, digo de beber, ¿que quieres?. yo sorprendido por la contestación repito que agua, y ella me dice un tanto impaciente: a ver, ¿que quieres para beber: fanta, coca cola, ...?. No entiendo cual es el problema, quiero agua, pero ante la impaciencia de la chica pido una coca cola y un sprite.  

    Seguimos la visita ahora por la Avenida Nevski. A mitad de la avenida hay una tienda de discos y entramos a ver que tienen en este país. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos que vendían discos MP3 con hasta ocho horas de música, lo cual no se encuentra fácilmente en España, pero lo más sorprendente fue el precio 70 rublos cada uno. La tienda está dividida en secciones de MP3, audio, video y DVD. Cualquier disco, como por ejemplo el último de Madonna cuesta 70 rublos al igual que los videos, y los DVD cuestan 100 euros. Simón ha comprado unos 15 discos por unas 10 euros. Increible. Hemos estado dentro de la tienda unas dos horas, viendo discos. Al salir, vemos un KFC y entramos a comer pollo, que nos apetece. Aquí no he tenido problema para pedir el agua, pero se me olvidó decir que la queríamos sin gas. En fin. Según nos estamos sentando se nos acerca un hombre y nos pregunta si somos españoles. Este hombre también es español. Es cura y está en Rusia desde hace unos meses evangelizando. Hablamos de nuestro viaje, de lo que él está haciendo en Rusia, de cosas que hemos visto y cosas que debemos ver. Nos recomienda visitar Novgorod, que está al sur de San Petersburgo y es una de las ciudades más antiguasde Rusia. La conversación con este hombre es amena, pero ya es tarde y debemos volver al albergue.

    Ha sido otro día largo en el que hemos andado mucho. Yo por lo menos no me doy cuenta en toda la noche de los tranvías que pasan justo debajo de nuestra ventana.  Itinerario

DIA 5.- SAN PETERSBURGO.

    Hoy nos levantamos un poco antes que el resto de los días. Queremos ir hoy a ver Petergov, uno de los palacios de los alrededores de San Petersburgo. Desayunamos y salimos hacia plaza Vosstaniya para tomar el metro que nos lleva a la estación del Báltico, de donde salen los trenes hacia Petergov. 

    La estación de metro es un edificio redondo que no parece una estación de metro. Vamos a comprar el billete, que cuesta 7 rublos, pero en lugar de un billete nos dan una ficha, que introduces en los torniquetes del metro para pasar. Tomamos una larguísima escalera para bajar al andén. El tren que viene es bastante largo y bastante rápido. La frecuencia de trenes es de unos dos minutos. Me llama la atención que al llegar a cada estación una voz te indica la estación en la que estás y la proxima estación. Al cerrar las puertas, en lugar de sonar un silbato, una voz te dice: Astoroxna, dbieri sacribaiut (atención, se cierran las puertas). La parada de la estación del báltico (baltiiskaya) se encuentra en la misma línea que hemos tomado, así que llegamos rápidamente a la estación de trenes. Me acerco a pedir los billetes a una taquilla, pero la señora me pone cara de sorprendida y me dice que el próximo tren es a las tres de la tarde. Mi gozo en un pozo, es demasiado tarde para ir, así que le pido que me diga a qué hora sale el primer tren al día siguiente, pero, tal y como esperaba, me dice que lo consulte en los horarios que hay colgados en un muy rústico tablón de anuncios. Nos acercamos al tablón, pero no soy capaz de entender como funcionan los trenes. Vuelvo a intentar que me digan el horario en otra taquilla diferente, pero la respuesta es la misma: míralo en el tablón. Nos damos por vencidos, aunque ahora que lo pienso, teníamos que haber salido fuera de la estación a tomar uno de los autobuses que nos llevan al palacio, o bien preguntar cuanto cuesta ir en taxi. ¡¡¡Como no se nos ocurrió!!!

    Tenemos el día un tanto trastocado y hay que volver a organizarse, así que decidimos volver al centro, y visitar, el museo de ciencias naturales y ya decidiríamos que hacer por la tarde. Volvemos a entrar en el metro y vamos en metro hasta Sportivnaya. Estamos ya en una zona más moderna de la ciudad. Me he equivocado al elegir la estación ya que el museo queda un poco retirado, pero no importa, tampoco hay que andar tanto.

    Entramos en el museo y dejamos el abrigo en el ropero. Sorprendentemente no nos han hecho pagar, así que pensamos que el museo es gratis. Comenzamos la visita por la primera sala que tiene mamíferos marinos disecados y el esqueleto de una ballena azul, después subimos a la sala de insectos, donde tienen un montón de variedades de estos bichitos. Desde una de las ventanas se ve el palacio  de invierno, y en el muelle hay un barco que pienso que puede ser el que lleva a Petergof por el río. Después del museo volveremos hacia allá para preguntar si podemos ir en barco. Seguimos la visita del museo, ahora por la otra sala, que es bastante grande, y comienza por los animales marinos para continuar con los terrestres. Hay gran cantidad de animales disecados, pero la exposición se limita a eso: a mostrar un serie de animales disecados. No me gusta demasiado. Terminamos más o menos rápido de ver el museo, recogemos nuestros abrigos y salimos. Parece que no era gratis, ya que ahora en la puerta si hay alguien pidiendo entradas. Buenos, pues eso que no hemos ahorrado.

    Ponemos rumbo al Ermitage, a preguntar a los de los barcos si es posible ir a Petergov. Al llegar, pregunto y mi gozo en un pozo, la temporada comienza a mediados de mayo, así pues, no es posible visitar el palacio de esta manera. Bueno, vamos hacia la avenida Nevski atravesando la plaza del palacio y cruzando por debajo del arco del Estado Mayor. Ahí mismo hay un pequeño bar, y como es la hora de comer pasamos a ver que se puede comer. Como de costumbre todo está en ruso,  pero no importa, comemos cerdo y ternera a la francesa, que no se muy bien lo que lleva, pero está bastante rico y de postre unos pastelitos. No nos ha salido nada cara la comida y nos hemos quedado bastante bien.

    Ya que el día se nos ha trastocado un poco, decidimos hacer las compras que teníamos pensadas. Primero entramos en el Gostiny Dvor, que es un edificio gigantesco con multitud de tiendas, aunque distribuidas de una forma curiosa: el edificio es triangular y las "tiendas" están situadas a lo largo del pasillo. No son tiendas propiamente dichas, sino que el pasillo es una gran tienda, dividida en departamentos, uno de tras de otro. Nos parece un sistema de tiendas bastante curioso. Por curiosidad, decir que vemos un puesto de caviar en el que venden una lata de 28 gramos por 500 rublos, lo cual es bastante económico, pues en Finlandia, la misma lata viene a costar unos 50 euros.

    Desde aquí vamos a una tienda de ropa que hay también en la avenida, donde simón quiere comprar algo de ropa. Estamos dentro un rato, hasta que Simón decide lo que comprarse. Después volvemos al albergue a descansar. Parece que no, pero ya es algo tarde y estamos andando bastante y es necesario descansar. No estamos mucho en el albergue, pero cuando pregunto a Simón son ya las once de la noche, lo cual me sorprende mucho ya que en el cielo hay aún bastante claridad. Claro, estamos muy al norte y llegando el verano llegan las famosas noches blancas de San Petersburgo. Salimos del albergue a comer algo, y no andamos mucho, pues enseguida encontramos un sitio donde ponen Kebabs. Pedimos uno para cada uno, bebida y una ensalada, que nos cuesta todo algo menos de 90 rublos. A Simón le parece uno de los mejores kebabs que ha probado nunca, por la salsa que lleva. La verdad es que está muy sabroso.

       Volvemos al albergue a dormir. Mañana es nuestro último día en la ciudad.   Itinerario

DIA 6.- SAN PETERSBURGO.

    Hoy es el primero de mayo, por lo que es fiesta en la ciudad. Por ello, esperamos que todo esté cerrado. Nos levantamos tranquilamente, muy tranquilamente, pues cuando vamos a desayunar ya se nos ha pasado la hora y han cerrado el comedor. Antes de salir del albergue nos pasamos por recepción donde nos tienen que entregar un salvoconducto para poder salir del país ya que debido a que hoy y mañana es fiesta, no tenían tiempo suficiente para registrar nuestro pasaporte, como manda la ley, y con el fin de evitarnos problemas en la aduana de salida, nos dan un papel con nuestros nombres en ruso y los datos de nuestro pasaporte y visado, diciendo que debido a las fiestas no han podido registrarnos el pasaporte, pero que certifican que hemos estado alojados allí todos los días. Vaya rollo.

    El centro ya lo tenemos visto, así que decidimos ir hacia el Monasterio Smolni, en la zona este de la ciudad. Antes vamos a donde los kebabs a desayunar, pero como tienen la cocina cerrada, no podemos comer nada, así que emprendemos el camino y entre medias, encontramos una tiendecita donde comer unos pirogui. También paramos en una oficina de cambio a cambiar euros. Está bien esto de tener un euro fuerte, nos dan bastantes rublos y lo mejor es que solo nos cobran 20 rublos de comisión. Esta zona de la ciudad tiene edificios más nuevos, de estilo estalinista. Llegamos al monasterio, que es también fantástico, pero se encuentra incluso más deteriorado que el resto de los edificios, sin embargo, afortunadamente, lo están restaurando. No hay mucho que ver, así que nos marchamos hacia el Monasterio de Alexander Nevski. El camino lo hacemos por la orilla del Neva. Esta zona ya no es como el resto de la ciudad. Hay edificios de ladrillo rojo que me recuerdan a los edificios de la revolución industrial en inglaterra. 

    Justo cuando está empezando a llover llegamos a la plaza de Alexander Nevski, cuya estatua se encuentra en el centro de la misma. Alejando Nevski es un héroe nacional, principe de  Novgorod, vivió en el siglo XIII y derrotó a los suecos. 

    En el monasterio entramos en la iglesia ortodoxa y damos una vuelta por el cementerio de gente común. No entramos al cementerio  de gente famosa. Seguimos hacia el centro por la avenida. Vemos que van a construir un edificio moderno que nada tiene que ver con el resto de los edificios de esta avenida. Una pena que estropeen el entorno. Al llegar a la plaza Vosstaniya, entramos en una cafetería a comer. También comemos muy bien y barato, pero ya casi no me quedan rublos. No importa, mañana nos marchamos y esta tarde no vamos a gastar mucho. 

    Nos queda visitar el metro de la ciudad, aunque ya tuvimos una primera visión ayer. Hacemos un recorrido que hemos encontrado en una página que nos ha venido muy bien para preparar el viaje a San Petersburgo: www.sanpetersburgo.com. Es una página que te da indicaciones sobre todo lo más interesante de esta ciudad. Os la recomiendo a todos los que querais visitarla.

    Compramos nuestra fichita, que por cierto, se llaman yetoni, y bajamos a las profundidades de San Peterburgo. Como dije antes, la escalera es bastante larga, deben ser unos cien metros de bajada continua. Nuestra siguiente parada es Pushkinskaia, donde hay una estatua del más famoso poeta ruso. La estación es enorme, ya que tiene un pasillo central muy amplio, que va a dar a cada lado los andenes, que son también bastante amplios. Para los que seais de Madrid o conozcais el metro, una de estas estaciones viene a ser el doble de ancha que cualquiera de los andenes que hay en la estación de Sol.

    El itinerario que seguimos es: Pushkinskaia, Avtova, Kirovskii Sabod, Narbskaya y Baltiscaya, que son las más monumentales. Después seguimos hasta Teknologicheski Institut, Gostiny Dvor, Nevski Prospekt y Dostoevskaya. 

    Nos queda ya poco que hacer. Lo siguiente es cenar. Intentamos buscar el restaurante que vimos el primer día, pero no tenemos suerte, así que repetimos el kebab, después volvemos al albergue a dormir.

    San Petersburgo nos ha gustado bastante, la lástima es que estén todos los edificios tan abandonados. Según he visto en las noticias, el gobierno ruso se ha gastado una burrada de dinero en restaurar los palacios para los festejos del 300 aniversario de la ciudad, lo cual ha molestado a los Peterburgueses, pues otros muchos edificios, aparte de los palacios necesitan ser restaurados, lo cual es cierto. Mi profesora de ruso, nos comentó que durante la era comunista nunca la ciudad fue decadente, sino una gran capital. Según ella, la crisis tras la caída del comunismo y los malos alcaldes que ha tenido la ciudad la han llevado a esto.  Itinerario 

DIA 7.- SAN PETERSBURGO - HELSINKI.

    El tren sale a las 7:45 de la estación de Finlandia, así que tenemos que levantarnos muy pronto. Vamos a pie hasta la estación, ya que no se tarda más de 20  minutos. El tren ya está en el andén y entramos. Es diferente al tren en el que vinimos, ya que este está separado en compartimentos. En el nuestro hay dos chicas finlandesas que vuelven después de unos meses en San Petersburgo estudiando. Después llega una rusa muy estirada, que durante todo el viaje hace como si no hubiese nadie más en el compartimento. Nada más partir nos sirven unas magdalenas y zumos como desayuno.

    Al llegar a Biborg nos piden de nuevo nuestros pasaportes y se los llevan, después vienen a devolvérnoslos sellados y nos hacen un registro del compartimento y a mi me hacen abrir la mochila. No llevo nada de interés, salvo unas monedas de rublos que me ha pedido Raquel para  utilizarlo como arras en su boda, que es el próximo sábado. Resulta que está prohibido sacar moneda del país, así que como me pillen, lo mínimo es una multa, supongo, aunque yo ya me veía en siberia (si, vale, soy muy exagerado). Tampoco miran tanto, y he pasado sin problema. A la que no han mirado ni dicho absolutamente nada es a la rusa, que por lo que he podido entender va a Helsinki de compras, lo cual me llama la atención pues es todo mucho más barato en San Petersburgo. 

    Estamos otra hora parados en Biborg antes de continuar la marcha. Ahora viene la policía de Finlandia a pedirnos el pasaporte. Al contrario que los policías rusos, éstos al ver que somos españoles no nos hacen ni caso, sin embargo, a la rusa le hacen unas cuantas preguntas y le piden que les enseñe  la carta de invitación del hotel, así como el dinero. Ella está extrañada, pero se lo enseña, claro. Supongo que será eso de que si a los finlandeses les pones problemas para entrar en Rusia, los finlandeses dan la lata a los rusos para entrar en Finlandia.

    A la hora prevista llegamos a Helsinki y vamos hacia el albergue. Esta vez estamos en el mismo estadio olímpico, donde hay un albergue juvenil. El tiempo no es como cuando estuvimos la semana anterior, sino que ha subido un poco y luce el sol, además se ve algo más de gente por la calle. 

    El albergue está cerrado hasta las cuatro de la tarde, pero podemos registrarnos y dejar nuestras mochilas en una habitación cerrada que tienen para ello. Vamos al centro a comer, pasando primero por la oficina central de correos para enviar las postales que hemos escrito y que no hemos podido enviar desde San Petersburgo. Después vamos a comer y nos acercamos por las oficinas de Tallink a ver si hay posibilidad de ir al día siguiente a Tallinn, pero no es posible. También bajamos al puerto a ver si funciona alguna compañía de ferris rápida, pero debido al hielo, aun no han comenzado. Finalmente pasamos por Silja Line, que nos confirman que no es posible ir a Tallinn y volver en el día. Qué lastima, definitivamente hemos de olvidarnos de visitar esta ciudad que dice todo el mundo que es muy bonita. 

    Damos una vuelta por la plaza del mercado, donde están aún algunos puestos que venden cosas de madera, pieles de reno y colgantes y llaveros hechos con las astas de los renos. Después visitamos la catedral ortodoxa de la ciudad, que pese a ser un edificio bastante grande, por dentro es bastante pequeña.

    Volvemos al albergue y descansamos un rato, antes de volver a salir a cenar y quedarnos un ratillo de marcha. Hay más animación por las calles, aunque no es como para tirar cohetes. Decidimos ir a un pub que hay en una calle que está a unos 100 metros del centro. El pub nos sorprende gratamente, ya que está bastante  bien y la bebida no es más cara que en Madrid, aunque la cerveza que me pido yo, que cuesta tres euros, está caliente y no tiene nada de fuerza. No hay demasiada animación, pero es un ambiente agradable. Sobre la una volvemos al albergue, ya que lo cierran a las dos.    Itinerario

DIA 8.- HELSINKI.

    Nuestro último día en Helsinki. No es una ciudad que tenga mucho que ver ni mucha animación, así que no estamos muy ilusionados con la idea de pasar aquí el día, pero no hay más remedio ya que no podemos ir a Tallinn. Nos levantamos con mucha tranquilidad y vamos al centro también con mucha tranquilidad. Al pasar por delante de la oficina de correos veo que dice museo postal, así que decido pasar a verlo, pero no lo encuentro. En su lugar encontramos unos ordenadores que hay para navegar por internet de forma gratuita, así que nos ponemos a revisar nuestro correo electrónico. Después salimos al centro, que nos sorprende terriblemente ya que está lleno de gente. ¿Que ha pasado? ¿Cómo es posible? ahora están las calles llenas y animadas, con muchos músicos callejeros y gente a su alrededor escuchándolos.

    Entramos en Stockman, que son unos grandes almacenes de la ciudad. Lo recorremos de arriba a abajo a ver si podemos encontrar algo baratillo para llevarnos a casa. ¡¡Pero ¿que dices? ¿algo barato en finlandia? Imposible!!!. De hecho, las monedas de uno y dos céntimos no circulan en este país, son solo para las colecciones de los turistas y te los cobran a uno y dos euros respectivamente. Ya las conseguiré en la Plaza Mayor de Madrid. El resto de las monedas si las he conseguido.

    Comemos en un restaurante que por siete euros puedes comer y beber absolutamente todo lo que quieras entre pizzas, ensalada y alguna otra cosilla. Habíamos pasado por allí delante varias veces, pero como Simón no decía nunca que entrásemos, pues tampoco había yo dicho nada, pero me sorprendió que estuviese tan sorprendido de que fuese así, ya que a la entrada lo pone bien claro: "come todo lo que puedas por 7 euros", claro que lo pone en finlandés, inglés y ruso, y se me olvidó que Simón no habla ninguno de esos idiomas.

    Por la tarde volvemos al albergue a descansar un rato. En la habitación, hablo con un ruso que está en Helsinki pasando unos días. Para financiarse la estancia se dedica a tocar el acordeón en la calle. Antes de salir, cenamos, ya que el albergue tiene cocina donde preparar tu propia comida, y después nos vamos al centro. Esta noche entramos en un bar que se llama Amarillo, y que vimos la noche anterior que entraba gente, aunque por la mañana era un restaurante.

    Un típico armario nórdico nos dice que dejemos los abrigos en el ropero. La chica del ropero, que es una típica nórdica, al ver que venimos mojados nos dice que el tiempo no es muy bueno. Yo le digo que Helsinki llora porque mañana nos marchamos de vuelta a España. Ella sonríe. El sitio es enorme, aunque es un sitio donde tomar una copa tranquilamente. Subimos a la parte de arriba, y vemos que es aún más grande y que tiene discoteca, aunque está aún vacía. Nos gusta el sitio, estaremos un rato antes de cambiar a otro. Vamos a la barra a pedir, pero a Simón le dicen algo que no oigo. El supone que es que debe sacar un ticket antes de pedir, pero no puede ser pues el resto de gente está pagando en barra. Cambiamos de barra, pero antes de pedir, un armario nórdico dice a Simón que debe dejar al forro en el ropero. Yo le digo que ya lo hemos dejado y le enseño la ficha, pero quiere ver la de Simón, que empieza a mirar en todos los bolsillos y no la encuentra. Claro, el nórdico le mira pensando que le está engañando, pero al final aparece la ficha, se la enseña y antes de irse dice a Simón que va a pasar calor. Vamos a pedir a la barra, pero la chica le dice que tiene que dejar en el ropero el forro, que en caso contrario no le sirve. Le vuelve a enseñar la ficha, con lo que se da por satisfecha y nos sirve nuestra bebida.

    Otra curiosidad del sitio es que tiene mesas para jugar al black jack y la ruleta. Simón quiere jugar a la ruleta, así que nos gastamos tres euros cada uno, que nos duran un suspiro. Le alejo de la zona de juego y vamos a la discoteca a la que está empezando a llegar gente. La música está bastante bien, y se ha puesto hasta arriba, pero tenemos que marcharnos ya que cierran el albergue, pero Simón no quiere, la verdad es que se está bastante bien, y yo tampoco querría irme, pero... hay que irse, aunque nos vamos con el tiempo justo para llegar al albergue antes de que cierren. ¡¡¡Que bien nos lo hemos pasado!!! Itinerario

DIA 9- HELSINKI - MADRID.

    Nos levantamos tarde, muy tarde, total es el último día y desde el albergue nos vamos a ir directamente al aeropuerto. Nos lo tomamos con tanta calma, que han venido a decirnos que cierra el albergue. Antes he estado despidiéndome del músico ruso y hablando con un chaval finlandés, de Helsinki además, que está en el albergue unos días ya que está cambiando de apartamento en la ciudad. Salimos y nos dirigimos a la estación de trenes a tomar el autobús 615 que nos lleva al aeropuerto. No hay mucho tráfico, no se si porque es domingo o porque es siempre así. En 30 minutos estamos en el aeropuerto, facturamos las mochilas y nos damos una vuelta por las tiendas del aeropuerto hasta la salida del avión.

    Llegamos sin problemas a Madrid a la hora prevista, recogemos nuestros equipajes y tomamos el metro. En la estación de Nuevos Ministerios nos separamos Simón y yo.

    Otro viaje que termina. Ya estoy desando volver a Rusia. Intentaré mejorar mi idioma y la próxima vez que vaya pienso visitar todo lo más importante de la zona oeste del país: San Petersburgo (otra vez, sí), el Tsarkoe Selo, Petergof, Novgorod, Moscú y el Anillo de Oro, y por mi cuenta, sin agencias de viaje que te cobran una pasta increible. Espero, eso sí, tener bien preparado todo, así que a prepararlo con tiempo. Quizás el próximo verano, porque en mayo es aún muy pronto para ir a estos países..  Itinerario