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VIAJE A MARRUECOS: ATLAS Y SAHARA.

ITINERARIO

DIA 1.
DIA 2.
DIA 3.
DIA 4.
DIA 5.
DIA 6.
DIA 7.
DIA 8.
DIA 9.
DIA 10.
VIERNES
SABADO
DOMINGO
LUNES
MARTES
MIERCOLES
JUEVES
VIERNES
SABADO
DOMINGO.
SALIDA DE MADRID
CEUTA - CHEFCHAUEN
MARRAKECH
MARRAKECH - OUARZAZATE
OUARZAZATE - MERZOUGA
MERZUGA - TINEGHIR
TINHEGIR - GARGANTAS DEL TODRA - FEZ
FEZ
FEZ - MADRID
MADRID

    No pensaba que  Marruecos fuese a gustarme, creo que principalmente debido a las dificultades para preparar el viaje a mi gusto. Comenzamos la preparación del viaje en la asociación con mucha ilusión, pero según se iba acercando Semana Santa, veía el viaje menos probable, ya que la gente no terminaba de responder a nuestra llamada. Nuestra intención era, por supuesto, hacer un viaje lo más barato posible, para ello, alquilaríamos un autobús durante los nueve días que nos llevase por la ruta que deseábamos. Todos mis compañeros, que son mucho más optimistas que yo, estaban seguros de que llenaríamos el bus, pero no fue así, de hecho, al final sólo nos apuntamos 23 personas, por lo que tuvimos que suspender definitivamente el viaje con nuestra asociación y buscarnos la vida para ir.

    Una vez pasado el primer chasco, empecé a mirar la forma de llegar a Marruecos desde Madrid. Mi primera intención era ir en un autobús de Eurorutas, que tienen líneas regulares con Tanger, Fez, Marrakech, etc, y una vez allí alquilar un coche y hacer la ruta que yo deseaba. Pero esta fantástica idea no convencía al resto de mis compañeros de aventuras. 

    Mis compañeros de viaje, principalmente Esther, Alfonso y César, preferían ir con el autobús que fletaba el grupo de montaña de la Escuela de Agrónomos de Madrid. Este viaje estaba diseñado y preparado para ellos, los agrónomos,  que iban a escalar a las gargantas del Todra durante cinco días, pero no para nosotros, y claro, yo pensaba ¿¡¡¡pero que voy a hacer yo cinco días allí!!!?. Está bien un día, incluso dos, pero ¡¡¡cinco!!!, si yo no voy a escalar.

    El día que definitivamente de suspendió el viaje organizado por nuestra asociación fue un auténtico lío. Mensajes y mensajes de parte de Esther, Ani y Víctor, dando cada uno sus pareceres, y yo con un ataque de ansiedad tremendo: pero ¿como voy a apuntarme a un viaje que no es el que quiero hacer?, ¿no será mejor la opción que yo propongo?. Entre los muchos mensaje que intercambiamos por correo electrónico esa mañana, Ani envió uno que contenía una palabra mágica: "chimpúm". Así que hice mío ese conjuro y dije:"pues con agrónomos y chimpúm". Así que deje de darle vueltas a esta parte del viaje. Esther pagó las pelas (en realidad fueron euros, 145'44, para ser exactos) de todos ese mismo día. Ya teníamos viaje a Marruecos.

    Cualquier persona puede pensar que aquí se acaba mi ataque de ansiedad,.... ¡pues no!. Seguía pensando en que es lo que uno puede hacer cinco días en medio del desierto. Todos decían, por allí nos las apañaremos, pero yo que conozco a estos, en lugar de tranquilizarme, aumentaba más mi estado de ansiedad: seguro que quieren dormir tal cual, en el desierto, sin ni siquiera una tienda de campaña. Amigos, que esto es Africa, y en Africa hay leones que te comen. Obviamente en Marruecos no hay leones, pero si hay escorpiones, que te pueden picar en..... por ejemplo.

    Es curioso, pero el día de la salida estaba muy tranquilo. Creo que apliqué la filosofía que dice que si los problemas tienen solución, ¿por qué preocuparse?, y si no la tienen, ¿por qué preocuparse?. Cinco días en las gargantas. ¡vale!. Al fin y al cabo iba a estar con mis amigos y ya me habían hecho sufrir otras veces, como cuando me hicieron recorrer en bicicleta el trayecto entre Córdoba y Granada. Allí estaba yo aquella Semana Santa, sin haber montado en bici prácticamente en toda mi vida,  arrastrando la lengua por Andalucía montado en la bici que me prestó Raquel. Aquella salida fue muy divertida, pero para mi, además, fue mi penitencia particular de Semana Santa. Supongo que el Señor me ha perdonado varios siglos de Purgatorio. 

    Y sin embargo esto no fue nada comparado con aquella primera Semana Santa en la que fuimos a Picos de Europa. Debía ser la primera vez que salía con ellos en a "alta montaña". Siempre dicen que es muy fácil lo que van a hacer, pero cuando vuelven siempre me dicen que menos mal que no fui. Pues esta vez, me dijeron que era muy fácil y yo les creí, cómo además me gusta andar por la montaña,... Resulta que nada más empezar a subir me puse muy muy malito, pues iban a un ritmo demasiado fuerte para mis escasas posibilidades. En este momento, mi único anhelo era volver a Arenas de Cabrales andando, que quedaba muy lejos, pero me daba igual: era cuesta abajo. Esther me convenció de seguir adelante. El resto de la ascensión lo hice tranquilo, pero al final me daban calambres por todos los músculos del cuerpo. Menos mal que el primer refugio no estaba muy lejos. Al día siguiente la cosa fue mucho mejor. Subí hasta el Naranjo de Bulnes bastante bien, pero sin hablan con nadie, ya que no quería gastar fuerzas. El resto fue sin complicación, salvo por el tiempo, que se puso en contra nuestra. 

    En fin, salí del trabajo, preparé la mochila, cené y tomé la RENFE hasta norte y después el metro hasta Ciudad Universitaria. Había quedado con Ana y compañía en el andén, pero sólo estaba Ana. Jose se rajó en el último momento. Al salir estaban allí Alfonso, Esther y César. Resulta que de camino a Ciudad Universitaria habían estado pensando que qué íbamos a hacer cinco días en las gargantas, si no vamos a escalar, así que también decidieron que nos bajábamos del bus en Marrakech y ya nos las apañaríamos como fuese para llegar a las gargantas. ¿Será posible?, pero ¡¡si es lo que yo decía!!. Por supuesto, es que caía por su propio peso, pero no, me tenían que hacer sufrir. 

    Después, en seguida, llegaron Víctor, Aída y Ani y fuimos a la puerta de la escuela a comenzar nuestro viaje. Allí estaban también algunos otros que se habían apuntado con la asociación y que decidieron ir con agrónomos al suspenderse. Resulta que ese día había huelga de autobuses, y hasta las doce de la noche no podía salir de cocheras el que nos llevaba a Marruecos, así que esperamos el autobús hasta la una y media de la noche. Llegó el bus, dejamos las mochilas en el portaequipajes, nos acomodamos dentro lo mejor que pudimos y comenzó el viaje.

    DIA 1. Después de nueve horas de viaje, llegamos a Algeciras. El Ferry para cruzar a Ceuta salía a las once, así que nos dio tiempo a deambular por la terminal de embarque. Hay un montón de agencias de ferrys, pero casi todas tienen los mismos precios: a Ceuta 22 euros por persona, 60 por coche y 103 por furgoneta. Si vas a Tanger, los precios son de 22 euros por persona, 70 por el coche y 115 por una furgoneta. También hay sitios donde cambiar euros por dirhams.

    El trayecto en ferry duró aproximadamente, entre atraque y desatraque, una hora. Ya estábamos en tierras africanas, aunque aún dentro de España. Nada más salir de la terminal, hay una serie de gasolineras, en las que la gasolina está tremendamente barata: sin plomo a 0,50 euros, súper a 0,55 y el gasoil a 0,46, lo cual hay que tener en cuenta si vas con tu coche propio, ya que en Marruecos la gasolina es más cara. También en estas gasolineras se puede encontrar a gente que te cambia euros por dirhams. Son clandestinos, pero no te hacen mal cambio, lo malo es que si no conoces la moneda de Marruecos te pueden dar billetes del monopoly, o eso me creo yo.

    Mientras los chicos de agrónomos hacían por nosotros los trámites de aduana, nosotros nos dedicamos a hacer un poco de turismo por Ceuta. No gran cosa, pues pensábamos que enseguida pasaríamos todos los trámites. ¡¡Craso error!!, el que nos sellaran los pasaportes nos llevó unas tres horas, más otra hora que estuvimos parados en la frontera, no se muy bien por qué. Finalmente, a las cinco de la tarde conseguimos entrar definitivamente en Marruecos. 

    El ambiente al otro lado de la frontera nos parecía bastante raro. Vimos llegar a gente a través del mar con neveras, que cargaban en un coche de cualquier forma. Había una cantidad increible de taxis que salían con seis personas, cuando no caben más que cuatro apretadas. 

    Seguimos la ruta hasta Chefchauen, atravesamos los valles del Rif. Son zonas rurales, en las que se ve a muchos niños trabajando la tierra, cuidando del ganado, etc. A Chefchauen llegamos a las siete de la tarde hora española. Habíamos decidido que este primer día viajaríamos con la hora española y no con la hora marroquí, que es una menos. Intentamos cambiar algunos euros por dirhams, lo cual conseguimos hacer en un bar por a razón de 10 dirhams por 1 euro. Un cambio bueno, pues es a lo que lo encontramos en todo el viaje. Después comenzamos con nuestro primer contacto con Marruecos.

    Estoy bastante desorientado y no se muy bien por dónde estamos andando. Son unas calles estrechas, laberínticas y llenas de tiendas de todo tipo. Decidimos comprar unas aceitunas de diferentes clases, unos dátiles y un queso pequeño de cabra (13 dirhams). Todo está delicioso. Después nos sentamos en una terracita a cenar. Por 30 dirhams nos sirven unos menús típicos marroquíes que en general consisten en carne acompañada de verduras (zanahorias, patatas, berenjenas, etc...) y el típico couscous, más verduras con pasta. En general nos gusta la comida.

    Las calles están bastante animadas, llenas de gente de todas clases. Nos cruzamos con los típicos musulmanes con babuchas y chilaba y otros más occidentalizados. En cuanto a las mujeres, exactamente igual: las más mayores son las más tradicionales, entre las jóvenes las hay que se tapan la cabeza con el típico pañuelo y otras que van completamente al estilo occidental. Hay mucha gente joven por la calle, pero en van grupos de sólo chicos y sólo chicas. No vemos grupos mixtos. Supongo que todo llegará. En general, todo lo visto nos recuerda a lo que nos contaban nuestros padres y abuelos de cuando ellos eran pequeños.

    Se nos acaba el tiempo en Chefchauen. Volvemos al autobús para comenzar la ruta nocturna hasta Marrakech. Dos días seguidos en el autobús. Con la asociación hubiésemos hecho noche en Chefchauen, para descansar, pero como no es nuestro viaje... ¡al autobús!. 

    DIA 2. Efectivamente el viaje es demasiada paliza. A mitad de la noche el conductor decide parar en una gasolinera situada en algún punto en el camino a Marrakech, pues está cansado. Yo estaba dormido y la verdad es que casi ni me di cuenta de que habíamos parado. Al despertar vi que estábamos en una gasolinera. Nos acercamos todos a un bar del pueblo al que pertenece la gasolinera a desayunar. No se cuanto tiempo hemos estado aquí. La verdad es que estando de vacaciones el tiempo no importa. Haces lo que te apetece cuando te apetece.

    Seguimos el camino hacia Marrakech. El paisaje a cambiado. Ya no es tan verde como en la zona del Rif, pero nos sorprende a los que estamos por primera vez que no es tan seco como pensábamos. Finalmente llegamos a Marrakech. La mitad de la gente del bus decidimos apearnos aquí y ya nos las apañaremos para llegar a las gargantas del Todra. Nos despedimos del resto de la gente y nos dirigimos hacia el centro, la plaza de Djamaa el Fna, donde nos han recomendado un hotel no demasiado caro y limpio, el Hotel Alí, situado a pocos metros de la plaza, en la Rue Moulay Ismael. El hotel está lleno, pero nos llevan a otro hotel (hotel Fantasía), no lejos de allí. Vemos las habitaciones, y como nos gustan nos quedamos. No es una cosa lujosa, pero lo importante es que está limpio y no es demasiado caro, ya que nos cuesta unos 80 dirhams por persona. Dejamos allí nuestras mochilas y nos vamos a dar una vuelta por Marraquech.

    Como en el resto del viaje, estábamos bastante desorientados y en un primer momento estuvimos dando vueltas alrededor de la plaza. Nos llamó mucho la atención la forma de cruzar las calles: a tu bola, con los coches a la suya. Tu vas cruzando y los coches se encargan de esquivarte. Una vez nos situamos fuimos hasta el palacio real y las murallas, donde se hace la típica vista de las montañas del Atlas que están casi a tiro de piedra.  Dimos una vuelta por las calles de la esta parte de la ciudad, de calles estrechas y bulliciosas,  hasta llegar de nuevo al hotel. Allí decidimos ir a un Hamann o baño turco. Preguntamos en el hotel dónde había uno y nos acompañaron hasta la puerta. Cuesta 6 dirhams solo baño, y 36 si pides baño y masaje. Claro, pedimos baño con masaje. Eso sí, las chicas por un lado, y los chicos por otro, no hay baños mixtos. 

    Nosotros cuatro subimos a los vestuarios y nos quedamos en gallumbos. Por un mínimo de higiene o pudor, no se bien cual de las dos, no te dejan darte el baño desnudo. El hamann tiene tres habitaciones, una cuyo suelo está tan caliente como una parrilla, en la que te hechas un par de cubos de agua por encima y te tumbas sobre la parrilla vuelta y vuelta. Después hay una habitación con calor intermedio y otra con menos calor. Es como una sauna. En la tercera sala, nos tiraron al suelo y empezaron a darnos el masaje, nos estrujaron todos los huesos y músculos y nos rascaron con el guante exfoliante, que de tanto rascar casi me dejan la piel en carne viva (que exagerado). Digamos que aquí termina el servicio. El resto del tiempo estás haciendo lo que es un típico baño como lo que tienes en tu casa, nada más que dentro de una sauna. Al final me resultó muy agobiante tanto calor, y por más que me echaba cubos de agua fría, yo seguía agobiado, por lo que decidí terminar la sesión. Salí al vestuario, con mis otros tres compañeros, nos cambiamos y cuando nos íbamos a marchar, el del vestuario nos pidió 10 dirhams ¿por qué?, supongo que por sacar pasta, pero su gozo en un pozo, porque no llevábamos ni un dirham. ¡Que espabilados son!. 

    La verdad es que el baño con masaje nos ha sentado muy bien. Sin embargo, las chicas no salen tan contentas como nosotros. Al hacer los comentarios de comparación, parece que a ellas prácticamente no las han hecho nada de nada. Mala suerte.

    Salimos a cenar a la plaza Djamaa El Fna, llena de gente y de chiringuitos. Los primeros son los puestos de zumo de naranja, unos puestos en los que por 2,5 dirhams te sirven un zumo de naranja recién exprimido. Nos acercamos hacia uno de ellos, pero el de al lado empieza también a llamarnos. No sabemos por cual de los dos puestos decidirnos así que optamos por una decisión salomónica: la mitad a cada uno. El zumo está delicioso. Nos damos una vuelta por la plaza, que ahora por la noche está llena de chiringuitos para comer. En algunos se come la típica comida árabe de couscous, brochetas, etc. En otros venden cabezas de ternera que se cocinan y se comen los sesos y esas cosas. A mi eso no me gusta. 

    Damos una vuelta también por las tiendas de venta de objetos típicos para turistas, y allí ya comenzamos a hacer nuestros primeros pinitos en el arte del regateo. La conversación es siempre la misma: te acercas a la tienda y el vendedor te saluda con la frase "hola amigo. ¿dónde tu en España? -siempre saben que eres español, lo llevas en la cara- Soy de Madrid -dices tú- ¡Ah! Madrid...capital...bienvenido. Pasa tienda. Solo ver. No comprar. Una vez dentro, empieza a enseñarte cosas y decirte precios. El primero es muy caro, por supuesto, y tu dices que no te interesa, entonces el vendedor te pregunta cuanto cuesta en España, y a partir de ahí se llega a un precio. 

    Lo mejor es decir siempre que no quieres comprar nada, y ellos mismos te empiezan a bajar el precio directamente, aunque los más listos siempre preguntan ¿cuanto esto en España?¿cuánto pagas tú?. Suelen ser muy persuasivos, pero si tienes claro que no quieres nada, pues no compras nada.

    Cenamos en uno de los chiringuitos de la plaza y después dimos un par de vueltas más. Nos encontramos con algunos compañeros de viaje del autobús que también se habían quedado en Marrakech para buscarse la vida, y estuvimos comentando las jugadas más importantes del día. Después volvimos al hotel a dormir.

    DIA 3. Nos despertamos con los cantos de llamada a oración que suena desde todas las mezquitas de Marrakech. Es muy pronto, y volvemos a dormirnos. Lo bueno de estar de vacaciones es que no existe el tiempo. Te levantas cuando te apetece, comes cuando tienes hambre. Libertad absoluta.

    Preparamos las mochilas y las dejamos en la habitación hasta nuestra marcha de Marrakech. Primero vamos a desayunar al hotel Ali, ya que el precio del desayuno está incluido en el precio. El desayuno consiste en una tortilla, un zumo y todo el pan, mermelada y mantequilla que puedas comer (supongo que habrá algún límite). 

    Después del desayuno comenzamos la búsqueda de un vehículo para iniciar el circuito que queremos hacer. Esther y César van por un lado, yo voy por otro y el resto por otro. Yo pregunto en varios sitios y prácticamente todos me dan el mismo precio: 4.500-5.000 dirhams por un coche de once plazas con conductor durante tres días. Nos reunimos en el hotel Alí, que también alquilan coches, y comentamos la jugada. Preguntamos en el hotel, primero nos ofrecen un fiat uno por 1.200 dirhams al día. Intentamos regatear en el precio para conseguir los 1.000 dirhams al día, pero la señora de recepción se las sabe todas y el precio es inamovible. No nos interesa. Después nos ofrecen lo que buscamos: una furgoneta con conductor a 1.200 dirhams al día. Dado que finalmente vamos a ser once, ya que se nos unen tres mochileros más, Nevena, Julia y Jose, el precio nos parece bueno. Quedamos en que el coche nos recogerá a la puerta del hotel a las dos de la tarde, así que volvemos a hacer una visita por otra parte de las tiendas cercanas a la plaza de Djamaa el Fna.

    A la una y media recogemos las mochilas de hotel Fantasía y vamos al hotel Alí, donde al poco tiempo llega el minibus. Cargamos las mochilas y comenzamos la aventura.

    La ruta que tenemos pensada hacer hoy es desde Marrakech hasta Ouarzazate, sin embargo no va a ser tan tranquila como esperábamos. A la media hora de salir le minibus coge un calentón y paramos para cambiarle el agua y refrescarle. Seguimos el camino, pero nuevamente se calienta. Unos kilómetros después hay un taller donde nos detenemos para ver qué le pasa al coche. Exactamente lo que estais todos pensando: la correa de ventilador. Resulta que no debían haber cambiado la correa desde hacía unos mil años, ya que no tenía prácticamente ni un solo diente. Normal que se calentase. La correa la cambiamos en seguida, y seguimos el viaje. La carretera está llena de gente a pie o en bicicleta, por lo que es imprescindible hacer sonar el claxon. Además, nuestro conductor conduce de una manera que podríamos llamar imprudente, por decir algo. En ocasiones pasé miedo. 

    La ruta hasta el puerto de Tiza-n-Tichka es fantástica: valles verdes con pequeños pueblos. En el mismo puerto no hay nada interesante. Sólo un montón de tiendas en la que los vendedores te avasallan para que les compres. Aquí compré por 30 dirhams el típico pañuelo bereber, aunque el primer precio fue de 150 dirhams, pero regateando... Después encontraríamos estos pañuelos a 20 dirhams sin regatear. 

    Está anocheciendo y se nos ha hecho tarde para visitar el pueblo de Aït Benhaddou, típico pueblo del desierto, por lo que no lo vemos. Seguimos directos hasta Ouarzazate, donde llegamos sobre las siete y media y comenzamos la búsqueda de hotel. El procedimiento es preguntar si hay habitaciones libres, el precio y ver las habitaciones cómo son. No tardamos mucho en encontrar un hotel por 50 dirhams por persona. La verdad es que no hay mucho donde elegir y hay pocas diferencias entre unos y otros, son bastante modestos, pero están limpios.

    Después buscamos un sitio para comer. Como somos once tardan en servirnos casi una hora. Llegan unos bereberes al bar donde estamos cenando y comienzan la típica conversación: Hola amigo ¿dónde tu en España?etc... y nos invitan al término de nuestra cena a una especie de fiesta. Bueno.

    Después de cenar nos íbamos a dar una vuelta por el pueblo, pero los bereberes nos ven y nos llaman para que vayamos a la fiestecita. Bueno, ¿por qué no?. Vamos con ellos hacia su local y... ¡es una tienda!. Bah, pasamos olímpicamente, no nos apetece estar de compras. El jefe nos dice que no, que es solo fiesta, que si creemos que es negocio que no vayamos. No nos lo creemos, pero entramos. Nos sirven un te y tocan un par de canciones con los timbales para nosotros, y después, por supuesto, se abre la tienda. Creo que nadie compró nada, salvo un par de pañuelos bereberes por 3 euros. El rato que estuvimos de fiesta estuvo bien. Después volvimos al hotel a dormir.

    DIA 4. Habíamos quedado a las ocho de la mañana, pero Ana, en una de las suyas se no puso la pila al reloj, así que a eso de las nueve vino Esther a llamarnos a ver que pasaba. Pues muy sencillo, nos habíamos quedado dormidos.

    El minibus estaba ya esperándonos, así que subimos las mochilas y comenzamos el viaje con destino a las dunas de Merzuga, el desierto sahariano. Pero antes decidimos parar en las gargantas del Dades. Sólo hicimos 13 km de la garganta y paramos a comer en un pequeño restaurante en el que sólo había tortilla, ensalada y patatas fritas para comer, sin embargo, esto era más que suficiente para nosotros y comimos bastante bien. Después seguimos el viaje con diferentes paradas a lo largo de la carretera para hacer fotos de pueblos y Kasbash. Sobre las cuatro de la tarde llegamos a Erfoud. Recuerdo que fue un día sumamente caluroso, no en vano estábamos ya en el desierto.

    Erfoud es el pueblo típico para ir al Erg Chebbi, las auténticas dunas saharianas de Marruecos. Aquí se puede alquilar alguno de los cientos 4X4 que te llevan a pie de las dunas. Nuestra idea era ir a pie de dunas con el bus, y allí buscar un albergue donde dormir y dar una vuelta a pie por las dunas. Sin embargo, el hotel Alí había previsto para nosotros un viaje en dromedario por las dunas, y estaba esperándonos en Erfoud un contacto para llevarnos a las dunas. Claro, nosotros estábamos muy sorprendidos y desconcertados dado que no esperábamos este "servicio adicional". Algunos no teníamos mayor interés en dar el paseo en dromedario y dormir en una jaima, pero en general a todas las chicas si les apetecía, así que decidimos apretar las clavijas a los camelleros para sacar un buen precio.

    Llegamos al punto de salida de los camellos y comencé a regatear el precio. El camellero empezó pidiendo 350 por persona, sin embargo el precio final fue de 225 dirhams para los que iban en un sólo dromedario y de 150 si se compartía dromedario entre dos personas. Queríamos ver la puesta de sol desde las dunas, pero los camelleros no parecían tener muchas ganas de partir, así que les metimos prisa, y salimos. ¡que horror! no vuelvo a montar en dromedario en mi vida ya que los huesos del dromedario se nos clavaban en las partes bajas de nuestra anatomía, sobre todo de los chicos.

    Finalmente, después de aproximadamente una hora de sufrimiento llegamos a la jaima. Allí ya había tres señoras belgas, con las que conversamos un rato. Después decidimos subir andando a una de las enormes dunas que nos rodeaban. Nada más bajar llegó otro grupo de unos 15 guiris, ya estábamos todos los que íbamos a dormir allí esa noche. Mientras preparaban la cena (tagine), nos dieron un concierto con unos bombos. Las canciones eran prácticamente las mismas que habían tocado para nosotros los bereberes de la noche anterior. Deben ser las canciones típicas para turistas. Después sacaron la cena, nos quedamos conversando un rato con los guías y sobre la media noche nos fuimos a dormir. La temperatura exterior había bajado sensiblemente y se estaba más a gusto dentro del saco de dormir.

    DIA 5. Teóricamente nos teníamos que haber despertado sobre las 6 de la mañana, pero creemos que los guía se habían quedado dormidos y cuando empezaron a decir "sunrise", el sol ya asomaba un poco por encima de las dunas. Después montamos en los dromedarios de nuevo y volvimos al punto de salida la noche anterior, donde desayunamos, pagamos y continuamos el viaje. Antes de salir Jose intentó cambiar una botella de whisky por una tetera. Después de un rato regateando, lo consiguió. Pues resulta que no todos los musulmanes practican lo de no beber alcohol.

    Nuestra etapa de hoy termina en Tinerhir. Mañana volveremos a encontrarnos con el autobús en las gargantas del Todra para comenzar el camino de vuelta a España. Pero de momento decidimos parar en Erfoud. Dinos una vuelta por su mercado y por la ciudad. Estaba comenzando una tormenta de arena y comimos bastante polvo. Seguimos la ruta, parando en otro pueblo de camino. Sobre las cuatro de la tarde llegamos finalmente a Tiherhir. Enseguida se nos acerca un grupo de niños, alguno de los cuales no se separará de nosotros durante el resto del día.

    Cómo siempre, lo primero es buscar alojamiento. No tardamos mucho. El primer hotel en el que entramos nos parece bien, el hotel Oises, que nos cuesta unos 60 dirhams por persona. Una vez tenemos el hotel, nos damos una gran ducha para quitarnos toda la arena y el polvo del desierto y después bajamos a comer, siempre con niños a nuestro alrededor esperando que les demos algún dirham. Sin embargo, habíamos convenido entre todos que nadie daría dinero a los niños ya que no lo consideramos adecuado. Si les dimos bolígrafos, algo de ropa y lápices de colores. Nos hico gracia que Esther sacó una de esas toallitas húmedas y todos los niños comenzaron a perseguirla para pedirle una. Por supuesto, Esther dio todas las que tenía hasta agotarlas.

    Nos pusimos a comer en un bar, y como de costumbre tuvimos que esperar una hora hasta que finalmente nos pusieron el plato sobre la mesa. Después de comer comenzamos la visita al pueblo. Fue bastante incómodo ya que a la vuelta de cada esquina se nos pegaba uno de esos falsos guía que solo quieren "estar contigo para hablar español", pero que lo que buscan es sacarte las pelas de una u otra manera. Estaban muy interesados en que viésemos el mercado de mujeres, que parece que es algo turístico, y una vez cerrado el mercado en que fuésemos a casa de alguno a ver como era una casa. Que cansancio. Decidimos volver al hotel a tomar un te.

    Subimos a la terraza y cuando por la noche empezó a hacer frío nos metimos en el comedor. Allí había unos bombos y Cesar, Nevena y Jose comenzaron a tocarlos. Llegaron los dueños del hotel, que pensábamos que nos iban a regañar por hacer ruido y sin embargo lo que hicieron fue unirse a nosotros en la fiestecilla. Primero una chica y después también uno de los chicos del hotel

   Después casi todos se fueron a la cama y nos quedamos Ani, César y yo hablando un rato. Después nos fuimos a dormir.  

    DIA 6. Después de desayunar fuimos a buscar un taxi para subir a las gargantas del Todra. Nos vino a buscar al hotel, pero no salió hasta que todas y cada una de la plazas estaban completas. Nevena, Jose y Julia decidieron subir a las gargantas andando. Nos quedamos con sus mochilas en el taxi esperando a que se llenase, lo que no tardó demasiado. Por 5 dirhams subimos hasta las misma garganta. Allí estaba el autobús y fuimos a buscar al conductor para que nos abriese el maletero y poder dejar el equipaje, después comenzamos la visita de la garganta.

    La garganta del Todra es espectacular. El camino desde Tinerhir hasta la garganta deja debajo un verde oasis lleno de palmeras y vegetación. Después de 15 kms. llegamos a las parte más estrecha de las gargantas, donde hay dos hoteles situados en la fala de un cote vertical de casi 300 mts. de alto. Desde aquí hicimos una ruta de un par de horas hacia el norte, siguiendo el curso del río seco o oued que pasa por allí. Lamentablemente están construyendo una carretera y todos pensamos que dentro de unos años aquello estará estropeado ya que los turistas irán en masa. Durante los primeros momentos el camino es interesante, sin embargo, al cabo de una hora o así aparecen las máquinas que están construyendo la carretera. Hacen mucho ruido. Comenzamos a buscar un lugar donde comer, pasadas las máquinas para evitar su ruido.

    Este día comimos de la comida que llevábamos en latas. Según estábamos comiendo se acercó a nosotros una chica a invitarnos a un vaso de te. Después de la experiencia la noche anterior en Tinehir pensábamos que era otra que nos iba a dar la lata. De todas formas le dimos a probar la comida que nosotros llevábamos: paté de atún, espárragos, paté de pimienta y pistachos. Al probarlos la chica se reía y no todo le gustaba. Al darle el paté de pimienta preguntamos primero si comía cerdo. Como nos dijo que sí, se lo dimos a probar y le gustó bastante. Después, según había venido se marchó. Sin más.

    Terminamos de comer y volvimos hacia los hoteles. Allí nos encontramos con Nevena, Julia y Jose, que ya habían llegado. Estuvimos tomando un te y unos refrescos en uno de los hoteles, algo caro, por cierto. Después fuimos en dirección a Tinehir, andando también. Según vamos bajando, los niños se acercan a nosotros a pedir dinero o bolígrafos. Dinero, no les damos, pero si repartimos algunos bolígrafos. Se formó un jaleo tremendo de niños, incluso se pegaban entre ellos para quitarse lo que les habíamos dado, así que decidimos dejar de repartir bolígrafos. El resto de material que llevábamos lo repartimos de forma discreta entre otros niños que nos encontrábamos al bajar.

    Ya estaba anocheciendo y decidimos parar a comer en uno de los restaurantes que hay en el camino. Enviamos un mensaje a la gente de agrónomos de que nos recogiesen con el bus en el restaurante. Cenamos tranquilamente y después esperamos un poco al autobús hasta que llegó a recogernos. Comenzaba el viaje nocturno hasta Fez.   

    DIA 7. Llegamos temprano a Fez, así que nos quedamos durmiendo en el autobús hasta más o menos las nueve, en que prácticamente todos nos despertamos. Decidimos ir a desayunar. Nos tomamos unos crepes y un zumo de naranja y después buscamos buscamos un alojamiento para esta noche. Es el casco antiguo, y todo está completo.

    Volvíamos hacia el autobús para recoger las mochilas y seguir buscando hotel, cuando de repente nos encontramos con Jose, el que no vino en el último momento al viaje. Se había venido el día anterior en autobús y había pasado la noche en un hotel en la zona nueva, así que tomamos un taxi y fuimos a la zona nueva. Los taxis de Fez tienen taxímetro, así que ni hay que regatear ni temer que te cobren lo que quieran. El trayecto nos costó 10 dirhams. Fuimos al hotel Pacha, donde había pasado la noche Jose. La habitación triple costaba 150 dirhams, pero no nos gustó. Buscamos otro, y dimos con el hotel Amor. Era un poco más caro, ya que la habitación doble costaba 198 dirhams y la triple (es una doble con un colchón en el suelo) 262 dirhams, pero estaba bastante limpio y nos quedamos. Tardaron un poco en darnos la habitación, ya que las estaban preparando y la mayoría nos quedamos dormidos en los sofás de recepción. Al subir a la habitación decidimos echarnos una siesta dado que el viaje nocturno nos había dejado un poco cansados. Después de la siesta fuimos a comer por la zona. Es algo más caro, pero también había algo más de variedad.

    Tomamos de nuevo un taxi que nos llevó a la ciudad vieja. Estuvimos dando vueltas por la zona antigua, y al caer la noche algunos se dieron un baño en un Hamann. Primero Esther y Ana y después Alfonso, César y Jose. El resto, mientras esperábamos a unos y otros nos sentamos en una terraza a tomar algo. Volvimos a la parte nueva y algunos compraron unas pizzas para comer en el hotel. Después nos fuimos a dormir.

    DIA 8. Al día siguiente nos despertamos como nuevos. El día anterior habíamos contratado los servicios de un guía oficial para que nos enseñase la ciudad, total, sólo nos cobraba 120 dirhams a todo el grupo, y las calles de Fez son un auténtico laberinto y creo que sin el guía no hubiésemos visto ni la mitad de lo que vimos.

    El guía nos llevaba por las calles de Fez. Nos explicaba algunas cosas, y sobre todo espantaba a los pesados. También nos decía cuanto debíamos pagar por determinadas cosas en los puestos callejeros. Hacía que los de los puestos nos cobrasen precios de marroquí, no de turista. Lo cierto es que terminamos contentos de haber contratado un guía oficial.

    Después fuimos de tiendas, a comprar algunos regalos. Tremendo. Para comprar los narguillés nos tiramos aproximadamente dos horas entre que las probábamos, lo cual es imprescindible dado que venden cualquier cosa, y después regateando. Creo que el de la tienda terminó harto de nosotros. A final conseguimos unos buenos narguillés por 120 dirhams.

    Finalmente fuimos a cenar. Un cazaturistas del bar nos ofreció cada plato a 20 dirhams y la bebida a 5, así que aceptamos. Tardaron hora y media en servirnos. Después volvimos al autobús pues comenzaba nuestro viaje de vuelta a España. Eso sí, antes de salir, un montón de niños de acercaron a nosotros y lo cierto es que fueron muy molestos. De hecho, algunos marroquíes que pasaban por allí les llamaban la atención, hasta que llegó uno que les dio un buen susto y se marcharon todos. Nosotros comenzamos nuestro camino de vuelta a España a las 10 de la noche. 

     DIA 9. A las 5:30 estábamos en la frontera. Esta vez sólo tardamos en atravesarla una hora, sin embargo, debido al cambio de hora de Marruecos con España y al cambio de hora oficial a horario de verano, resulta que eran ya las 8:30. Fuimos hasta el ferry, que salía a las 9:30, y a las 11 comenzamos la vuelta a Madrid, donde llegamos a eso de las once de la noche. Todos los de Leganés se bajaron en Villaverde. El resto nos bajamos en Ciudad Universitaria.

    Termina aquí el relato de otro fantástico viaje en plan mochilero, muy económico, ya que yo me he gastado unos 297 euros en los nueve días. Ha sido muy divertido y los compañeros de viaje han sido fantásticos. Ha habido siempre buen royo en el grupo. Espero que pronto volvamos todos a encontrarnos en otro viaje.