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VIAJE A POLONIA Y ESLOVAQUIA. AGOSTO 2004
| ITINERARIO | |
| DIA 1 | MADRID - VARSOVIA |
| DIA 2 | VARSOVIA |
| DIA 3 | VARSOVIA |
| DIA 4 | VARSOVIA - CZESTOCHOWA - CRACOVIA |
| DIA 5 | CRACOVIA - WIELICZKA - TATRANSKA LOMNICA |
| DIA 6 | TATRANSKA LOMNICA - STRBSKE PLESO - MONTE RYSY - TATRANSKA LOMNICA |
| DIA 7 | T. LOMNICA - POPRAD - LEVOCA - SPISSKE HRAD - BARDEJOV - T. LOMNICA |
| DIA 8 | T. LOMNICA - SLOVENSKI RAJ - T. LOMNICA |
| DIA 9 | T. LOMNICA - ZAKOPANE |
| DIA 10 | ZAKOPANE |
| DIA 11 | ZAKOPANE- DESCENSO DEL RIO DUNAJEC - CRACOVIA |
| DIA 12 | CRACOVIA - P.N. OJCOW - RUTA NIDOS DE AGUILA - DESIERTO POLACO - CRACOVIA |
| DIA 13 | CRACOVIA |
| DIA 14 | CRACOVIA |
| DIA 15 | CRACOVIA - OSWIECIM - KATOWICE |
| DIA 16 | KATOWICE - GERONA - BARCELONA - MADRID |
| DIA 1.- MADRID - VARSOVIA. |
Después de tres o cuatro años insistiendo a los amigos para ir a Polonia, por fin este verano lo iba a conseguir. Como ya conozco a mis colegas, yo lanzaba indirectas diciendo que los billetes a Polonia, Rumanía y los fiordos de Noruega estaban por los suelos (estos son los sitios a los que me apetecía ir este verano). Y es cierto que los billetes estaban tirados de precio, ya que las compañías de vuelos a bajo coste han aparecido como setas tras la lluvia, y puedes viajar a cualquier parte de Europa por menos de 200 euros ida y vuelta, eso si, con una serie de requisitos que en ocasiones son un tanto incómodos. No obstante, he de decir que no tiene nada que ver mi insistencia con el hecho de haber ido finalmente a Polonia, sino los comentarios de alguien que estuvo allí y que dijo que no estaba mal. Si es que yo no tengo ningún carisma.
Sin embargo, al principio, la idea más aceptada por todos era la de ir a los Alpes, barajando entre Alpes franceses, italianos y suizos; y los Dolomitas y Eslovenia y Croacia. En una de mis indirectas sobre lo barato que estaban los billetes de avión a Polonia, de repente todos dijeron de ir de vacaciones a Polonia. Una de las razones es que el nivel de vida en los países del este es menor que Francia, Italia y Suiza, punto sobre lo que no hay ninguna duda. Una vez tomada la decisión de ir a Polonia, nadie daba ningún paso ni comentaba nada, por lo que estaba viendo que al final se nos acababan los billetes de avión económicos y que tendría que quedarme en casa. Bueno, mi plan B era irme a Rusia, pero como los trámites del visado llevan un tiempo, veía que ese tiempo se agotaba también, así que uno de los viernes que estábamos los cuatro interesados en el viaje les dije que si teníamos intención de ir a Polonia, ese mismo fin de semana sacaría los billetes. Todos dijeron que sí. Está claro que necesitan un líder que dirija sus pasos, y no es que yo quiera ser líder, simplemente me quiero ir de vacaciones. Punto.
Desde mi punto de vista lo más cómodo era pillar un billete de ida y vuelta Madrid-Varsovia, pero éstos que ya se están volviendo un tanto mayores pensaban que volver a Varsovia desde Cracovia iba a ser mucha paliza de coche, y comenzaron a decir eso que tan poco me gusta oir: "prefiero ver un poco menos, pero lo que vea verlo bien y tranquilo". La palabra clave es "tranquilo". Mi "avanzada edad" me hace ya tomarme los viajes con una cierta calma, pero mi medida de la calma no tiene nada que ver con la de mis amigos. La mía sigue siendo ir a piñón a todos los sitios, pero en lugar de a 1000 por hora, a 800. Así pues, ese fin de semana estuve mirando formas de ir y venir de Polonia. Para la ida no había problema, el billete de avión Madrid-Varsovia por AirPolonia costaba 109 euros. El problema estaba para la vuelta. Aunque hubiésemos querido venir desde Varsovia no hubiésemos podido a un precio aceptable, ya que los vuelos de AirPolonia estaban agotados. Así que tuve que ver las diferentes opciones: volver desde Kosice vía Viena, desde Cracovia vía Kolonia o desde Katowice vía Londres o Amsterdam. Finalmente nos decidimos por volver desde Katowice directo a Gerona. Volver vía Londres era incluso más económico, pero no quería que mis compañeros tuviesen que cansarse mucho en el trayecto. No obstante, se lo consulté y ellos mismos decidieron libremente volver directos a Gerona, supongo que con la idea de quedarse en la playa unos días. Yo tenía claro que me volvía a Madrid.
La búsqueda de alojamiento fue algo más complicada. Como siempre, quise que participase el resto en la preparación del viaje. A mi me gusta preparar viajes y me hace ilusión, pero a ellos, con su vida tan "ocupada" no tenían tiempo, o no tenían internet, o cualquier otra cosa. Finalmente, reservé el alojamiento en Varsovia y el coche de alquiler, y dejé que el resto hiciese lo que pudiese. Con tener el primer día de alojamiento y el coche, ya teníamos lo más importante, desde mi punto de vista. Así que nos vamos a Polonia y chimpún. Días antes de salir, se apuntó Ana y días después Chave, así que tuve que cambiar el alojamiento y el coche para cuatro a cinco personas y luego una vez más para seis. Tampoco fue tan difícil ni la operación requirió mucho esfuerzo por mi parte. Por consiguiente finalmente somos seis: Alfonso, Esther, Gustavo, Ana, Chave y yo.
Cómo siempre el día de salida fui a trabajar. Después, a las tres, cuando terminé de trabajar (bendita jornada de verano), me fui al aeropuerto tranquilamente, muy tranquilamente. Al llegar al aeropuerto, ya estaban allí Alfonso, Esther y Ana. Buscamos el mostrador y vemos ante nuestra sorpresa que hay una cola inmensa. Debe ser que Polonia es el destino de vacaciones de moda de este verano porque nunca había encontrado tanta gente a la hora de embarcar, sobre todo habiendo llegado con tantísimo tiempo de antelación. Al poco tiempo aparecieron Gustavo y Chave.
Con todo lo pronto que hemos llegado, entre la larga espera para facturar y la espera para acceder a la sala de embarque debido a las nuevas medidas de seguridad, no tenemos que esperar demasiado el avión. Durante el vuelo vamos bastante bien, mirando por la ventana, sorprendidos de reconocer el valle de Ordesa donde estuvimos el fin de semana anterior. El viaje hasta Varsovia no se hace largo en absoluto. A la llegada, tras el control de pasaportes, esperamos en una sala diminuta para recoger nuestro equipaje que tarda bastante en salir. Después ver qué autobús nos lleva al centro. La información que yo llevo dice que hemos de ir en el 188, el cual se acaba de ir. Mirando las líneas que pasan por allí, vemos que podemos llegar en otro autobús que está a punto de llegar a la parada. Montamos, saco los billetes (2,40 zloty) y nos dirigimos hacia el centro, aunque tenemos alguna que otra duda, ya que no es el 188 que debíamos haber tomado. Preguntamos a uno de los viajeros que nos dice que hemos de apearnos en la próxima parada y esperar el 188 que nos deja donde tenemos que ir. Así lo hacemos. En seguida llega el 188 y en tres paradas más llegamos a la nuestra. Después, tras el despiste inicial, damos con la calle de nuestro albergue, pero no damos con el albergue. Después de dar vueltas, preguntamos a unos policías, que nos indican que nuestro albergue se encuentra al otro lado de la avenida Armii Ludowej. Llegamos al albergue, directamente a la recepción. Informo a la chica de que tenemos una reserva para tres noches en el albergue, incluyendo la noche de hoy, a lo que me responde que no puede ser, dado que están al completo. Sorprendido, respondo que tenemos una reserva, a lo que nos responde que como no hemos llegado antes de las seis se la han dado a otros. Yo respondo que avisamos de que llegábamos sobre las once de la noche. La chica llama a su jefe y comenzamos una conversación un tanto increible en la que para no dar su brazo al torcer, el dueño del albergue nos pone todo tipo de excusas, algunas tremendamente ridículas y absurdas. Finalmente, viendo que no vamos a llegar a ningún sitio hablando con él, le "exigimos" que nos busque alojamiento en otro albergue y que nos pague el taxi hasta allí, lo cual termina aceptando.
Vienen a buscarnos dos taxis y en 10 minutos estamos en uno de los albergues de la red internacional, que da la casualidad que es el que yo tenía previsto en un primer momento utilizar, pero dada la dificultad de contactar con ellos, me decidí finalmente por el albergue que nos dejó tirados. El albergue cuesta unos 36 zloty por persona y noche, más económico que el anterior, y está también más céntrico. Estamos los seis juntos en la misma habitación en amor y compañía, así que todo en orden. A dormir que ha sido un día más largo de lo previsto.
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Nos levantamos muy justos. Gustavo ha sido el primero en despertarse. Fuera de España no se utilizan las persianas y Gustavo no puede dormir con la luz del sol que entra en la habitación desde las cinco de la mañana. A las diez hay que abandonar el albergue, que cierra hasta las cuatro. A esa hora ya estamos fuera, en la avenida Nowy Swiat buscando un sitio donde desayunar. Está empezando a llover, así que entramos en un café que nos parece relativamente bien (un café 4 zl), y allí, muy tranquilamente, desayunamos. Al salir está lloviendo con fuerza, seguimos caminando por la avenida enfundados en nuestros impermeables. Más adelante, pararemos en una tienda a comprar paraguas, estampados en piel de leopardo. Para cobijarnos de la lluvia paramos en la iglesia de la Santa Cruz, que guarda el corazón del compositor Chopin. Me llaman la atención la cantidad de placas metálicas grabadas que hay en señal de gratitud. Seguimos hacia la ciudad antigua, parando en otra iglesia donde hay una pareja casándose. Ella luce un vestido blanco merengue que según parece, por los comentarios de Ana, Chave y Esther, en España ya no se lleva tan blanco. Tiene a la puerta de la iglesia una limusina enorme esperándola. Finalmente llegamos a la plaza del castillo, donde paramos un momento para hacernos una foto delante de los bonitos edificios que la forman. Después entramos en el castillo (18 zloty). Para la visita hemos de dejar las mochilas y las cazadoras en unos guardarropa, y además, hemos de llevar cubierto nuestro calzado con una especie de zapatillas, que nos recuerdan a las que las madres de algunos de nuestros amigos nos hacían ponernos cuando éramos pequeños para que no rayásemos el parquet con nuestros pisotones. La idea es exactamente la misma: no rayar el parquet.
El castillo de Varsovia, como el resto de la ciudad, fue bombardeado por los nazis el 01 de septiembre de 1939 quedando totalmente destruido al igual que el resto de la ciudad. Ambos han sido completamente reconstruidos. El castillo tiene varias salas de interés con algunos muebles originales y cada sala está explicada en inglés por unos panales. También tiene un museo de numismática en el que lo que más me llama la atención es el dinero del gueto judío durante la ocupación nazi. Salimos a la calle, donde ha parado de llover, pero antes de seguir con la visita de la ciudad paramos un momento para comer una hamburguesa o una salchicha en un puesto que hay junto al castillo, por unos 4 o 6 zloty, según quieras un menú u otro. Por esta misma calles, a unos 10 metros se encuentra la Catedral de San Juan, donde una pareja de novios y su séquito está esperando para entrar, otra está dentro casándose y otra está también fuera tomándose las últimas fotos antes de marcharse, y es que durante el poquísimo tiempo que llevamos en el centro, hemos visto muchísimas bodas. Siguiendo la calle vamos a parar a la plaza del mercado. A la entrada una foto nos muestra como quedó tras los bombardeos y como está ahora. Es una plaza amplia, con edificios de cuatro o cinco alturas pintados en colores pastel, plagada de terrazas de los bares que hay en ella. En el centro está la estatua de la sierna, símbolo de la ciudad. Han montado un escenario en el que están representando bailes regionales. En general los bailes que vemos, y los que veremos durante nuestra estancia tanto en Polonia como en Eslovaquia tratan de cómo los chicos cortejan a las chicas.
Seguimos por la calle que sale a la plaza hacia las murallas hasta la Barbacana, una puerta de acceso a la ciudad. Desde aquí, pasando por delante de la casa de Marie Courie (o Marie Sklodowska), hasta la plaza del nuevo mercado, otra plaza amplia. Callejeamos hasta llegas a la iglesia de la Visitación de la Virgen María (con sus parejas de novios casándose o esperando a ello) y desde donde hay unas vistas del Vístula en el que vemos unas lanchas de competición yendo de un lado a otro del río, aunque no parece que haya ninguna competición. La vista no es especialmente bonita, por lo que tras descansar un poco proseguimos la marcha. Por decirlo así, prácticamente hemos terminado la visita de esta parte de la ciudad. Paramos en un supermercado a comprar el desayuno y algo de comida para los próximos días y volvemos a la plaza del mercado, la antigua, y nos tomamos una cerveza tranquilamente mientras en el escenario está tocando un grupo de jazz. Chave tiene frío y quiere volver al albergue a por una chaqueta. La acompañamos, pero volvemos por otro camino, pasando delante del teatro, un enorme edificio neoclásico y por la tumba del soldado desconocido, donde parece que están preparando algún tipo de acto ya que están haciendo pruebas de sonido. Hemos decidido que vamos a cenar en el centro. Chave sigue teniendo frío y decide adelantarse. La esperamos en un banco. Aparece al poco ya más cómoda y volvemos a la ciudad antigua a cenar. En el sitio donde teníamos previsto cenar han tenido un "gran problema en la cocina" y no nos pueden atender. Lástima, pues parecía que tenía un precio aceptable. Preguntamos en otro restaurante y nos comentan que está repleto. Aunque para un español es relativamente pronto para cenar, para los horarios europeos es el momento principal, con lo que nos va a ser difícil encontrar un sitios. Todos los lugares por los que pasamos están repletos. Finalmente, junto al castillo encontramos un restaurante alemán. Hubiésemos preferido uno polaco, pero esto es lo que hay. Comemos bastante bien, yo un codillo a la bávara, que no es que lo eligiese sabiendo lo que era. De hecho, si llego a saber que es un codillo, pido otra cosa. Gustavo un Bigos, un plato típico polaco compuesto por repollo y que te lo sirven dentro de un pan. Está bueno. El resto no recuerdo lo que piden. Hemos cenado bastante bien, pero nos han pegado un sablazo tremendo. Habrá que andar más espabilados la próxima vez con el horario. Volvemos tranquilamente al albergue, donde antes de ir a dormir nos tomamos unos tés y unos chocolates de la máquina que hay en la entrada.
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Chave es la primera en levantarse, aunque Gustavo ya llevaba tiempo despierto, casi a la salida del sol. Es que esto de ser tan especialito para dormir no trae en cuenta. Para dormir no debe hacer falta más que tener sueño, como decía mi abuela. Desayunamos lo comprado en el supermercado el día anterior y a las diez, cuando nos echan del albergue, nos marchamos. Al contrario que ayer, hoy hace un día soleado. Nos dirigimos de nuevo a la ciudad antigua con el fin de tomar unas fotos con sol. Al pasar junto a la tumba del soldado desconocido vemos que la gran plaza ha sido ocupada por cañones y militares. Pasamos un poco de largo, pero cuando vemos llegar a la caballería, las chicas piensan que podríamos preguntar la hora de comienzo del evento para verlo. Así lo hacemos, y dado que comienza en menos de media hora, decidimos buscar un sitio para ver que es lo que va a pasar. Encontramos un buen sitio, en primera fila aunque un tanto ladeados, desde donde podemos ver todo bastante bien. Comienzan a llegar unidades de infantería que se quedan en formación en la plaza mientras una banda toca unas cuantas piezas de películas y dos gogós, ataviadas con un vestido rojo y unas botas y pompones blancos, los colores de la bandera polaca, animan al público. Ante nuestra sorpresa, los músicos de la banda también tienen su propia coreografía. Terminado el espectáculo de la banda y las gogós, comienzan a llegar las autoridades. Por lo que puedo entender por los altavoces, muy poco, parece que acaba de llegar el presidente de Polonia, que está pasando revista a las tropas. Al acabar de pasar revista, saluda al público. La verdad es que no tengo ni idea si sería el presidente o no, de hecho yo creo que si me cruzase por la calle con Zapatero o Aznar, lo mismo ni les reconozco, así que como para conocer al presidente de Polonia. Unas salvas de cañonazos nos sobresaltan. No esperábamos ese estruendo.
Llevamos un buen rato y yo por lo menos ya estoy cansado. Vamos, que no veo el día del desfile de las Fuerzas Armadas en Madrid, y tengo que ver el de Polonia. No se muy bien lo que están celebrando, por lo que he podido traducir de los carteles debe ser el día del veterano o algo así. Proseguimos la ruta hasta llegar al Monumento a la Insurección de 1944 que muestra a unos soldados que supongo serán polacos. El conjunto está adornado con velas y banderitas de polonia. Entramos en la iglesia que hay en frente, la catedral de las Fuerzas Armadas Polacas. Aunque parezca increible no hay nadie casándose, pero si está en curso una misa. La iglesia está abarrotada. Me asomo desde fuera. Mientras el resto mira un poco más detenidamente yo me entretengo leyendo unos azulejos con algo escrito en polaco, que por lo que puedo traducir es el Padre Nuestro. Me hace ilusión entender un poquito, aunque la pista de lo que es me lo han dado dos o tres palabras que he entendido. Lo demás me lo he supuesto. Justo en frente del monumento se encuentra el palacio Krasinski que ahora parece que es la biblioteca nacional. Por el jardín que hay justo detrás del palacio abandonamos la zona antigua y entramos en la zona nueva. Estamos en la zona del gueto judío, pero no lo sabemos. Caminando llegamos a la Plac Bankowy, lugar que debe ser el centro pues por la gente y los transportes públicos que aquí se concentra me recuerda a la Puerta del Sol de Madrid. Paramos a comer unos bollos que hemos comprado frente a un edificio neoclásico que alberga dependencias municipales. Justo al lado se encuentra el museo de pintura de nombre Juan Pablo II. Bajamos por la avenida Marszalkowska hasta el Palacio de la Cultura y la Ciencia, un enorme edificio cuadrado de estilo Stalinista, regalado a los polacos por los rusos en la época de Stalin. Dentro se puede subir a lo alto de la torre (18 zl), aunque no hay nada más de interés. Aprovechamos para entrar en el servicio y salimos. En el parque que hay junto al Palacio paramos un rato para hacernos unos bocadillos un tanto escuetos y descansar un poco, aunque algunos se están acomodando demasiado y empieza a sonar la palabra siesta. Empiezo a meter caña para ponernos en marcha. No me apetece perder el tiempo con una siesta.
Nuestra siguiente visita de hoy va a ser el Palacio Lazienki, situado en mitad de unos amplios jardines con estanques, canales y palacetes, algo así como el Retiro. Está un tanto retirado del centro y Chave nos convence a todos para que tomemos el autobús. Tampoco tubo que insistir mucho, ciertamente. Llevamos los billetes que compramos el primer día para llegar desde el aeropuerto al centro y que no picamos. En esta ocasión tampoco los picamos. Hemos entrado por dos puertas distintas en el bus y estamos separados Alfonso y yo del resto. Después de un rato en el bus, veo que una señora pica su billete. ¿Por qué motivo lo hace ahora después de un buen rato que llevamos dentro del bus?, me pregunto, y dado que me extraña bastante decido picar los billetes, por si las moscas. Sin embargo, Alfonso me dice que no lo haga. No estoy muy convencido, pero le hago caso. Junto a mi se ha colocado un chaval que me observa. Mira mi guía de Polonia que llevo en la mano y directamente me pide los billetes enseñándome un carnet. Los saco y se los muestro como si nada, pero me dice que no valen ya que no están picados. Intento solventar al problemilla haciéndome el guiri total, pero no cuela. Llama a su compañero y nos hace bajar del bus. Aunque bajamos todos, no se han dado cuenta de que vamos seis personas juntas, y hago señas al resto para que se alejen de nosotros y que la multa sea menor, pero no me hacen caso.
Me intento hacer el turista total, con el típico "no comprendo" y poniendo cara de haba. Por lo que me dicen, entiendo que nos quieren poner una multa de unos 800 zl. Yo con mi cara de haba de no estar enterándome de nada, no digo nada. De repente me dice que hay un precio especial para seis personas de 500 zl. Vale, ya veo por donde va la solución al problemilla: consiste en dar a ambos una propinilla. Con mi cara de poquer saco del bolsillo los 100 zl que llevo y se los ofrezco. Solucionado. Que se tome unas cervecillas a nuestra salud y ya está, todos contentos.
Tomamos el siguiente bus, esta vez picando los billetes, aunque no todos. Parece que no hemos aprendido, pero es que por ley de probabilidades ya no nos puede tocar otra vez. Llegamos al parque Lazienki, que está muy animado, repleto de gente disfrutando del fantástico día de sol que hace. Entramos por la zona del hipódromo, donde unos actores están dando una representación sobre la guerra contra Napoleón, aunque creo que Napoleón era amigo de lo polacos al ser enemigo de los rusos, así que supongo que sería de los polacos contra los rusos, que ha sido siempre en gran enemigo. Paseamos tranquilamente por el parque viendo los diferentes palacios y pabellones hasta llegar al monumento a Chopin, donde parece que acaba de finalizar un concierto de piano. Descansamos en los bancos que hay junto a la estatua.
Volvemos al centro a cenar. Paramos frente a la casa de Marie Curie para tomar una cerveza, aunque como el menú que sirven allí nos parece barato, decidimos cenar allí mismo. Pedimos sitio dentro ya que por la noche hace fresco y preferimos comer a gusto. No hay problema hasta que llega el momento de cenar. Parece que dentro no hay sitio y hemos de cenar fuera. Sin embargo, una vez que hemos pedido, mientras nos traen los platos vemos que dentro queda una mesa libre y pedimos entrar. Son un tanto chapuzas en este bar, pero bueno, dentro se está más a gusto que fuera. La cena en si no ha estado nada mal y además barata. Tras la cena volvemos al albergue a dormir.
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Hoy abandonamos Varsovia. Después de desayunar Ana y Alfonso y yo vamos a retirar el coche que tenemos alquilado, un Ford Galaxi. La oficina donde debemos recoger el coche está a un par de manzanas del albergue y llegamos rápidamente. El papeleo del coche se arregla también en un momento y ya estamos los tres en el coche yendo hacia el albergue a recoger al resto del grupo. Cargamos y nos ponemos en marcha.
La primera visita de hoy será el palacio de Wilanow, situado al sur de Varsovia y construido a finales del siglo XVII como residencia de Juan III Sobieski. Al encontrarse lejos del centro de Varsovia no fue destruido por los alemanes durante la guerra. El palacio cuenta con un amplio aparcamiento en el que hay unos cuantos "gorrillas" intentando sacar algo ofreciéndose como seguridad privada. Ponemos cara de no entender lo que dice, cerramos el coche y vamos hacia el palacio sin darles un duro. La entrada al castillo cuesta 50 zl y a partir de 5 persona incluye la posibilidad de un guía en español. Que bien, porque somos seis, así que pedimos la visita con guía, que estará disponible en unos 30 minutos. Mientras llega nuestro momento, entramos en una exposición que hay sobre instrumentos musicales. La señora que cuida la exposición, comienza a explicarnos historias sobre los instrumentos. Entre otras cosas nos cuentan que no son auténticos, sino que son falsificaciones o réplica, mejor dicho, pero tan sumamente buenas que están tan bien consideradas como las originales. Nos cuenta un poco la historia de los instrumentos, entre los que hay violines, violas, violonchelos y otros instrumentos de cuerda. Llega el momento de comenzar la visita al castillo y nos despedimos de la señora que tan amablemente nos ha ofrecido unas muy interesantes explicaciones.
Nuestro guía del castillo aparece al momento. Es un hombre más o menos joven, con un bigotillo de cuatro pelos con un español no muy bueno. Con bastante esfuerzo, el guía nos explica las diferentes estancias del palacio. Gran parte del palacio está en restauración. Tiene además un jardín barroco para el que hay que sacar otra entrada. Dado que el jardín se ve desde algunas habitaciones del palacio, no entramos a verlo. Terminada la visita, que salvo por el esfuerzo de intentar comprender lo que nuestro guía intentaba decirnos, ha estado bastante bien, volvemos hacia el coche, pero antes paramos en un chiringuito que hay a comer unos kebabs y beber algo. La comida no está nada buena y resulta algo cara. Ya en el coche, comprobamos que los "gorrillas" no han dañado el coche.
Nos ponemos rumbo a Czestochowa, la ciudad santa de Polonia. Nos cuesta algo encontrar el camino. Parece que nos hemos metido por una zona que debe ser algo así como la casa de campo, llena de árboles y "curwas". Finalmente estamos ya en la carretera buena, aunque lo de buena es un decir. Pensábamos que sería una autopista, con sus dos carriles por sentido, y sí, tiene dos carriles por sentido, pero el carril de la derecha está hundido por las ruedas del tráfico pesado que circula, además, de vez en cuando hay semáforos, pasos de peatones o peatones cruzando por cualquier sitio, lo cual hace el trayecto un tanto peligroso. También hay mucha gente en los arcenes vendiendo de todo, sobre todo setas y frutas silvestres, pero también hemos visto algunos vendiendo pieles de animales. A media tarde llegamos a Czestochowa donde nuestra única visita va a ser el Monasterio de Jasna Gora, que encontramos muy fácilmente.
Junto al monasterio hay aparcamientos de pago, pero nosotros lo dejamos en una plaza que encontramos en una zona gratuita, aunque con "gorrilla" que extiende la mano para que le demos algo. Tampoco éste tiene suerte. Nos dirigimos a visitar el monasterio. El domingo fue el día de la Asunción, y en Czestochowa hubo una gran celebración de la que aún queda el altar montado en una de las murallas del monasterio que da a una inmensa explanada. Supongo que el día anterior la ciudad estaría abarrotada. En el monasterio de Czestochowa se venera a la Virgen Negra. Nada más entrar hay una nave en la que están celebrando una misa. Salimos por la izquierda a otra nave, donde se encuentra la Virgen, y donde también están celebrando una misa. Decidimos dar una vuelta por el monasterio para dar tiempo a que finalicen las misas. El monasterio está rodeado por unas enormes murallas construidas para la defensa ante los ataques de los suecos. Volvemos a las naves, en la primera ya han terminado la misa y podemos verla tranquilamente, en la segunda no. Subimos a unos salones que hay sobre la nave, donde hay más capillas en las que hay más gente rezando. Volvemos a la capilla de la Virgen, sigue la misa. Parece que hay una misa ininterrumpida, vemos algunas personas que pasan de rodillas tras el altar. Los polacos son muy católicos, no en vano el Papa es polaco, pero lo que más me llama la atención es que veremos gente de todas las edades en las iglesias, mientras que lo que estoy acostumbrado a ver es gente mayor. Abandonamos el monasterio hacia el coche. El "gorrilla" no nos ha dañado el coche. Nos vamos a Cracovia donde finaliza hoy nuestro día.
El camino de Czestochowa a Cracovia está unido por una autopista de verdad, bueno, de verdad de verdad, lo único que tiene de verdad es el peaje que hay que pagar, 10 zl, porque la mayoría del trayecto está en obras. Supongo que cuando terminen de arreglarla estará bastante bien (y subirá el precio). Llegamos a Cracovia y con el mapa en la mano intentamos encontrar el centro. Nuestro albergue se encuentra a pocos pasos de allí. Sin embargo, no somos capaces de dar a la primera con el albergue, ni a la segunda y después de varios intentos paramos para ver si nos situamos. Parece que estamos situados y seguimos buscando, aunque me da la impresión que me he metido en el centro centro, donde está prohibido circular a todo lo que no sea un taxi o un tranvía o que vivas allí. Al doblar con el coche una esquina, nos damos de bruces con la plaza del mercado, más en el centro no podemos estar, como nos pillen los polis nos van a poner una multa que ya verás. Preguntamos a un taxista como llegar. Lo único que le entiendo es que donde estamos no podemos estar. Aparcamos en una calle y preguntamos a unos viandantes, que muy amablemente nos indican la situación de nuestro albergue. Para salir, en lugar de volver sobre nuestros pasos, y siguiendo las indicaciones de las dos personas a las que hemos preguntado, atravesamos el parque que cierra el centro. Pues allí estamos los seis, atravesando con el coche a 10 por hora el parque, con todas las luces encendidas, que digo yo que ya que estamos haciendo algo por lo que nos pueden multar, que casi mejor hacerlo discretamente, pero no, que se note que estamos allí. Salimos a la carretera por un paso de peatones donde unas cuantas personas están esperando a que el semáforo se ponga en verde para cruzar. Al vernos, la gente se sorprende (qué menos) y nos permiten el paso hacia la calzada.
Volvemos a dar vueltas para llegar al albergue. Nos hemos perdido de nuevo, pero por casualidad, pasamos por delante de la puerta del bingo que nos habían dado como referencia. Aparcamos y subimos al albergue a por nuestras habitaciones. El albergue no pertenece a la red internacional y lo cierto es que es un tanto cutre, pero dado lo tarde que es tampoco vamos a andar con remilgos. Después de descargar el coche, vamos al centro a cenar algo. Ya es algo tarde y casi todos los restaurantes están cerrados, así que cenamos unas pizzas en el Drácula, una pizzería cerca del centro terriblemente barata, y en contra de lo que cualquiera pueda pensar, las pizzas están bastante bien. Después de la cena, vamos a la plaza del mercando, fantástica iluminada, donde nos sentamos en una terraza y nos tomamos unas cervezas (piwo), que resultan tan caras casi como la cena. De hecho, en Polonia hemos comido bastante barato y el precio de la cerveza me resulta un tanto desproporcionado ya que puedes comer un menú por 10 zl y una cerveza te cuesta unos 6 zl. Sobre las dos de la mañana nos volvemos a nuestro cochambroso albergue.
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Pese a levantarnos pronto, salimos bastante tarde. Gustavo ha bajado a comprar algo en una tienda para el desayuno. Después hemos estado discutiendo con los del albergue sobre el precio que nos estaban cobrando. Menos mal que teníamos razón, porque el encargado del albergue abulta por dos de nosotros y salvo con palabras, no habría habido forma de convencerle. De todas formas, no vamos a volver a este albergue que nos nos ha gustado a ninguno de los seis.
Antes de abandonar Polonia vamos a visitar las minas de sal de Wieliczka. La visita a las mitas estaba previsto que fuese al final del viaje, a la vuelta a Cracovia, pero hemos decidido hacerla esta mañana, para que luego digan todos que no soy flexible con los itinerarios. Si me preocupa un poco no encontrar alojamiento en Eslovaquia, ya que no tengo muy claro que el hotel haya hecho la reserva, pero eso lo averiguaremos más tarde. Wieliczka es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, y es uno de los lugares más visitados del país. A la entrada en la ciudad hay varios hombres con una señal de Parking en la mano haciendo señas para que entremos en su aparcamiento. Pensamos que son de la organización, pero nada de eso, son aparcamientos privados en los que hay que pagar. Como estamos casi a la entrada seguimos algo más adelante, entre las insistentes señas de todos los encargados de los aparcamientos para que entremos en su recinto. Al final de la calle hay un aparcamiento gratuito, bastante repleto de coches y autocaravanas, pero encontramos un sitio con facilidad. La entrada a las minas están justo cruzando la calle. Esperamos la larga cola para sacar las entradas, que cuestan 50 zl y te incluyen las explicaciones de un guía en inglés. La visita de las minas es hasta una profundidad de unos 135 mts. que se bajan casi todos nada más empezar por unas escaleras de madera. Todos miramos al hueco de la escalera para darnos cuenta de la altura a la que nos encontramos, o lo que es lo mismo, la profundidad a la que estaremos en unos instantes. En cada una de las salas, hay figuras que muestran los trabajos que se realizaban en las minas o estatuas hechas con sal, sobre lo que el guía nos da las explicaciones oportunas mezcladas con algún chiste, que yo me pierdo, ya que mi inglés no es muy bueno, pero más o menos puedo seguir la explicación sin problemas. De repente, según estamos avanzando por uno de los túneles, el eco nos trae el sonido de la canción de Manolo Escobar "Que viva España". Todos nos miramos sorprendidos y empezamos a reirnos, ¿cómo es posible que suene esta canción aquí?. El grupo que va delante de nosotros es español, y al entrar en una enorme sala vemos que hay una banda de música con quienes te puedes hacer fotos y que toca una melodía conocida del país del que haya mayoría en el grupo. Por cierto, que para hacer fotos dentro de las minas hay que pagar un suplemento, pero a partir de este punto no vi que el guía prestase demasiada atención a quienes hacían fotos. De hecho nosotros estuvimos tomando unas cuantas por la cara. Lo más impresionante de la mina es la capilla subterránea de San Kinga, una enorme sala en la que todo, absolutamente todo está hecho con sal: los adoquines del suelo, las mesas, el altar, las lámparas, las estatuas y los cuadros tallados en la pared (magníficos). La visita termina al poco tiempo. Para volver a la superficie hay que tomar un ascensor que sale cada 15 minutos, esperamos en la zona comercial que hay allí mismo, a 135 mts de profundidad, donde hay cobertura para los móviles, además de tiendas de recuerdos y un restaurante. A Esther, cómo no, se le ha antojado comer allí mismo. La comida tiene buena pinta, así que decidimos tomar algo todos. Yo me pido un escalope con puré de patatas y una especie de fabada, todo muy rico. Otros han pedido bigos, a base de repollo o zurek, que es una sopa con harina de centeno, champiñón y salchicha, y otras comidas típicas polacas. La verdad es que se come bien y no es caro.
Abandonamos las minas de sal rumbo a Eslovaquia, no sin antes hacer unas compras de recuerdo. Sobre todo se venden trozos de sal para poner velas o con una bombilla dentro a modo de lámpara que cuestan unos 30 zl. Curiosamente, al volver a España, en unos grandes almacenes ví las mismas lámparas por casi el triple de precio (unos 30€). La carretera que nos lleva a la frontera con Eslovaquía comienza a ser de montaña, con todo lo malo que ello conlleva, aunque la diferencia de altura con los motes Tatra, que sirven de frontera entre ambos países es notable. Los Tatra aparecen ante nosotros afilados como dientes de tiburón en una imagen fantástica. Justo al llegar a la frontera entre ambos países paramos para hacer la foto ante los montes y junto al cartel de bienvenidos a Eslovaquia. La caseta del lado polaco está vacía y pasamos sin problema, pero la del lado eslovaco tiene la barrera bajada. Un policía que no habla más que eslovaco o polaco o vete tu a saber qué nos dice que no podemos pasar por allí y que tenemos que ir a Lysa Polana donde está la frontera. Me intriga mucho saber por qué motivo nosotros no podemos pasar y otra gente sí, pero el idioma es suficiente para quedarme con la pregunta para mí. Lysa Polana está a pocos kilómetros de donde estamos, así que deshacemos parte del camino hecho y entramos a Eslovaquia por este paso fronterizo sin ningún problema tras mostrar nuestros DNI y pasaportes primero al policía polaco y luego al policía eslovaco. Paramos en el primer pueblo eslovaco, Zdiar, a repostar gasolina. Nuestro hotel está al otro lado de las montañas en Tatranska Lomnica, una zona que como veremos es de turismo, al estilo de las estaciones invernales de Pirineos, por ejemplo.
En el hotel no ha habido ningún problema con la reserva. O quizás sí. En lugar de tres habitaciones, hay reservadas siete habitaciones a mi nombre. Son sólo tres. No hay problema. Nos acomodamos tranquilamente en el hotel antes de salir a cenar. Vammas hasta Stary Smokovec, el principal pueblo de la zona, aunque antes hay que encontrar un cajero para conseguir dinero eslovaco. En la calle principal hay dos cajeros, uno para cada marca de tarjeta de crédito. Cenamos bastante bien y barato en un restaurante. Después de la cena volvemos al hotel a dormir.
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DIA 6.- TATRANKA LOMNICA- STRBSKE PLESO - MONTE RYSY - T. LOMNICA. |
Nuestro hotel es un tanto modesto. Las habitaciones son antiguas y el baño tiene en un mismo compartimento el lavabo y la ducha. Del lavabo sale un grifo que según lo acciones hace salir agua por la ducha o por el lavabo. Separado del lavabo-ducha está el inodoro, de estilo alemán, que deja a la vista todo lo que en él depositas. No sé que interés tienen los alemanes en ver determinadas cosas. El desayuno no está incluido, así que quedamos en la habitación de Chave y Ana para desayunar. Después, tranquilamente, abandonamos el hotel para hacer nuestra primera ruta de montaña: la ascensión al monte Rysy, el más alto de Polonia, que sirve de frontera entre este país y Eslovaquia.
La ascensión al Rysy comienza en Strbske Pleso, nombre impronunciable para un castellano, pero que viene a decirse algo así como shtrebske plesó. Pleso significa lago, y es que aquí, además de ser zona de esquí, tiene un hermoso lago que sin embargo no llegamos a ver. Dejamos el coche en un aparcamiento que nos cobran 160 coronas eslovacas (skk) por todo el día. Me fastidia pagar por aparcar, pero es que no queda más remedio. Desde allí comenzamos la ruta, muy suave al principio, pero con unas vistas fantásticas de las montañas que nos rodean. La ruta está muy concurrida hasta llegar al hotel que hay junto a Popradske plesó, lago situado a 1494 mts de altura y rodeado por decorado de montañas impresionante. Deben ser sobre las 12 de la mañana pues todo el mundo está comiendo y tomando sus cervecitas o más bien cervezotas, porque menos de medio litro no tiene nadie entre las manos. De hecho, cuando pides una cerveza, directamente te ponen una de medio litro, así que si quieres una pequeña (male) tienes que pedirla expresamente.
Tomamos el camino que sale a la izquierda de la pista asfaltada que lleva desde Strbske Pleso al hotel para seguir el camino hacia el Rysy. A la entrada en el camino vemos que hay un cartel que dice que si subimos uno de los sacos de carbón al refugio que hay poco antes de llegar a la cima nos invitan a un té. Nuestro estado físico, por lo menos el mío, no está para cargar con kilos de más, así ni me lo pienso. El fin de semana anterior a nuestra llegada a Polonia estuvimos en Ordesa con nuestras mochilas a cuestas y tengo certeza absoluta de que no es posible cargar con más de lo que ahora llevo, que ciertamente no es gran cosa (¡¡¡que pena hacerse mayor!!!). Desde aquí la ruta ya no es tan suave ni nos encontramos con tanta gente. Poco a poco la ruta se va haciendo más dura, aunque nos la tomamos con mucha calma y subimos tranquilamente descansando lo que haga falta.
Poco antes de llegar al refugio nos encontramos con un grupo de españoles con los que tenemos las típicas conversaciones banales de viajeros. Ellos ya están de bajada y les hacemos la típica pregunta ¿cuanto queda hasta arriba?. Una hora, aproximadamente. Por el mapa que llevo, nos queda poquísimo para llegar al refugio, pero se hace de rogar hasta que llegamos a él. Desde allí, se puede apreciar perfectamente el rosario de montañeros que suben uno tras otro como en penitencia hasta la cima del Rysy. Continuamos. La llegada a la cima también se hace de rogar. El camino deja de ser tal en algunos momentos para convertirse en un paso por piedras colocadas caóticamente. Por un momento Esther dice que total, como ya lo hemos visto podríamos bajar. Estoy cansado y dudo, pero decido que esta empresa he de terminarla. No quiero dejar cosas a medias. Finalmente allí estoy, en el pequeño espacio que hay en la cima del Rysy, a 2499 mts de altura, tras salvar un desnivel de 1153 metros desde Strebske Pleso, en la cima más alta de Polonia. Disfrutamos de nuestra "azaña" y tomamos unas fotos para recordar tal evento. Hay unas vistas fantásticas de los valles del lado polaco, salpicado de lagos. Ana, que sufre de vértigo no se asoma mucho, pero ha llegado hasta arriba, lo cual tiene bastante mérito.
Tras un pequeño abituallamiento comenzamos el descenso. Chave empieza a sentirse mal no ha comido mucho durante el ascenso y está un tanto débil. Paramos en el refugio a comer. Por muy poco dinero comemos bastante bien. Alguno de nosotros compran como recuerdo de la "gesta" un castor de peluche, ataviado con gorro, mochila y bufanda, en la que se puede ller Rysy-2499 mts. Proseguimos el descenso, cruzandonos de vez en cuando con gente que sube a sus espaldas comida o incluso barriles de cerveza hasta el refugio. Parece que no usan un burro, que sería lo más normal, sino que todo lo que hay en el refugio es subido a lomos de la gente del refugio. Chave no mejora. Los chicos decidimos adelantarnos a por el coche y recoger a las chicas en el hotel de Popradske pleso. Bajamos ligeros rumbo al coche. Al llegar a la altura del hotel dudamos si seguir por el camino o por la pista asfaltada. Dado que ya está anocheciendo decidimos bajar por la pista. Gustavo, con el fin de no hacer sufrir a sus rodillas decide adelantarse a Alfonso y a mi y bajar corriendo hasta el coche. "En el primer cruce a la derecha" le digo un par de veces antes de que se vaya corriendo montaña abajo, "y si tienes dudas, nos esperas" añado según se aleja.
Alfonso y yo llegamos al cruce. Gustavo no está allí, y no se por qué motivo me da la impresión que no ha seguido las instrucciones y ha seguido hacia abajo, cruzando la vía del tren. El cruce no es tan claro como podíamos pensar viéndolo en el mapa. Esperemos que se haya dado cuenta. Tomamos el camino de la derecha, una carretera larga y recta. Prácticamente ya es de noche, y no se ve ningún coche que venga hacia nosotros. Unas luces aparecen en el horizonte, pensamos que es Gus, pero pasa de largo al llegar a donde estamos. Seguimos andando y suena el teléfono de Alfonso: es Gustavo, que no ha girado a la derecha en el cruce y está perdido. Tras tres llamadas que se cortan por la falta de cobertura, enviamos un mensaje a Gustavo "derecha y derecha hasta Strbske Pleso". Nosotros ya estamos en el pueblo, y como más o menos sabemos donde está Gus, nos tomamos unas cervecitas tranquilamente en un chiringuito. Cuando pensamos que Gustavo ya habrá terminado los tres kilómetros que se va a hacer de más por no escuchar, volvemos al coche. ¡Que control!, Gustavo acaba de llegar coche. Nos reímos y bromeamos mientras vamos a buscar a las chicas, que ya pensaban que las habíamos abandonado, aunque no estaban muy preocupadas, pues con la visa de Ana podían dormir en el hotel donde estaban esperando.
Recogemos a las chicas. Para dar la vuelta al coche hay que abandonar la pista a un pequeño claro, hecho a propósito para este menester. El coche no puede salvar el pequeño desnivel que hay entre la pista y el claro, y patina. Nos bajamos todos del coche para que sea más ligero, pero sigue costándole. Finalmente conseguimos sacar el coche a la pista, pero hemos pinchado una rueda. ¡Será posible!. Nada, toca cambiar la rueda a oscuras. Bueno, yo tengo mi frontal, que suelo llevarlo cuando salgo con Esther y Alfonso al monte, desde que una vez en Sanabria me hicieron caminar de noche sin ella por entre las montañas. No me pillan más, y hago bien en llevarla.
Tras cambiar la rueda continuamos la marcha hasta el hotel. Sin embargo, dado que ya es tarde (en realidad son más o menos las nueve o las diez, pero esto ya es tardísimo para estos lugares) decidimos parar en Strbske Pleso, en el chiringuito donde Alfonso y yo nos hemos tomado la cerveza a cenar algo, ya que será lo único que haya abierto. De hecho, el chiringuito tiene la cocina cerrada, aunque conseguimos que nos sirvan unas salchichas. Según estamos pidiendo Ana y yo, el camarero mira tras de nosotros con los ojos abiertos como platos, esbozando una ligera sonrisa. Miramos hacia atrás, y vemos a Gustavo, tumbado en el suelo en una postura un tanto extraña. Está estirando. Es su sesión de estiramiento, muy importante después del esfuerzo, es cierto, lo sabemos todos, pero sólo Gustavo la lleva a cabo. Comenzamos a reírnos todos, el camarero incluido. "Sí, sí, reiros, pero estirar es muy importante y mañana tendreis todos agujetas si no lo haceis", nos dice Gus. Tiene razón, pero lo bien que me lo estoy pasando viéndole vale la pena.
Tras el piscolabis volvemos al hotel. Rotos, nos vamos directamente a dormir.
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DIA 7.- T. LOMNICA - POPRAD - LEVOCA - SPISSKE HRAD - BARDEJOV - T. LOMNICA. |
Después del largo día de ayer, hoy nos hemos levantado bastante tarde. Lo primero es buscar un sitio donde reparar la rueda que se nos ha pinchado ya que no podemos ir sin rueda de repuesto. En el hotel nos dicen que en la gasolinera de Smokovec es posible que nos la puedan arreglar, sin embargo, una vez en la gasolinera el primer problema es poder explicar lo que nos ha pasado, así que utilizo la técnica del dibujo y las onomatopeyas, es decir, hago el dibujo de un coche, señalo la rueda y hago un ruido de ¡pum, pshiiiiiiiiiiii!. La encargada me indica otro lugar donde es posible que nos reparen la rueda, ya que en la gasolinera no lo hacen. Está muy cerca y lo encontramos rápido, pero se nos presenta el mismo problema de cómo explicar lo que nos pasa. En esta ocasión el hombre del taller habla un poco de ruso, bien, me facilitará el explicarle el problema, pero resulta que ahora soy yo quien no sabe como se dice rueda pinchada en ruso, así que utilizo el mismo sistema de antes. Tampoco aquí nos pueden reparar el pinchazo. Nos indica que debemos ir a Poprad.
Poprad es la ciudad más grande de la zona. La carretera que lleva a Poprad desde las montañas es completamente recta, como una pista de aterrizaje de aviones, pero estrecha. Al acercarnos a la ciudad vemos un cartel que indica reparación de neumáticos Matador. Nos desviamos hacia allí llegando hasta una gran gasolinera con todo tipo de servicios, pero no el de reparación de neumáticos. Aprovechamos para comprar allí la pegatina que hay que llevar en el coche para poder circular por Eslovaquia. Seguimos buscando. Matador está justo detrás de un gran supermercado inglés. Entramos a preguntar y efectivamente allí nos reparan la rueda en unos 15 minutos por 250 skk. No ha sido demasiado caro, de hecho creo que ha sido bastante barato. Aprovechamos que estamos junto a un supermercado para entrar a comprar provisiones para los próximos días y desayunar, aunque por la hora que es, casi la una, deberíamos comer.
Nuestra primera visita turística del día es Levoca. Están en fiestas en honor del maestro Pavel, un importante escultor medieval. La plaza central está plagada de puestos de artesanos y en un escenario unos jóvenes están bailando danzas regionales que como otras que hemos visto deben contar algo así como el cortejo de los mozos a las mozas. En el centro de la plaza se encuentra el ayuntamiento, un edificio del siglo XVI con soportales y arcos. Justo al lado del ayuntamiento hay una jaula, también del siglo XVI, donde se metía para mofa y escarnio público a aquellos que habían cometido delitos menores. La ciudad no gusta demasiado a mis compañeros por lo que nos marchamos bastante rápido de allí hasta el castillo de Spiss, el más grande de Europa central, según he leído. Dejamos el coche en el aparcamiento del castillo (40 skk). La entrada al castillo cuesta 60 skk e incluye una visita con guía para grupos de más de 5 personas creo. Nosotros somos seis, así que nos toca, aunque yo no consigo dar con el guía. Gustavo si localiza al guía, una chica de la que nos llama mucho la atención la cantidad de bello que tiene en su cara y en las axilas, sin embargo, las piernas están perfectamente depiladas. A parte de esto, no realizamos visita con la guía, sino que se limita a darnos unas explicaciones sobre la historia del castillo a la entrada de la puerta principal. Tras las explicaciones damos una vuelta por el castillo, que en sí no tiene gran cosa de interés. Comemos allí mismo ya que los precios de la comida del chiringuito que hay en el patio principal del castillo nos parecen económicos.
Abandonamos el centro de Eslovaquia hacia el noreste, donde Bardejov será nuestra primera parada.Desde el año 2000 forma parte del patrimonio de la Unesco. Lo más interesante de la ciudad es la gran plaza central, de estilo barroco donde están los edificios más pintorescos. Cerca están los restos de las antiguas murallas que recorremos en un tranquilo paseo. Es la hora de la misa y todas las iglesias están llenas a rebosar. Entramos en una que por la decoración y porque el cura está de espaldas al público, deducimos que es ortodoxa.
Es algo tarde y ya está anocheciendo, por lo que la idea que teníamos de visitar la zona de Svidnik, donde se encuentra la mayor concentración de iglesias de madera de Europa, hemos de descartarla. No obstante, de en el camino de vuelta a Tratranska Lomnica paramos en el pueblo de Luki donde según el mapa que llevamos hay una de estas iglesias. Nos cuesta bastante encontrarla, de hecho ya nos habíamos dado casi por vencidos cuando llegamos al final de un camino sin encontrarla. Mientras dábamos la vuelta al coche nos asomamos por encima de una loma y allí estaba la iglesia. La escasa luz natural que queda no nos permite apreciar mucho los detalles de la iglesia, pequeñita y muy bonita.
La noche ha caido totalmente sobre nosotros. Antes de volver al hotel paramos en Spisska Bela para cenar, en un pequeño restaurante. Buena comida y barata, aunque no tenemos mucho dinero y no aceptan el pago con tarjeta, así que tenemos que calcular bien lo que pedimos no sea que nos tengamos que quedar a fregar los platos. Volvemos al hotel.
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Hoy vamos a hacer una ruta por el Parque Nacional Slovenski Raj o paraíso eslovaco traducido al español. Es un Parque pequeño cuyo mayor interés son los barranco o cañones que hay en él por el que discurren rutas de senderismo. Nosotros vamos a hacer el barranco Sucha Bela, que he visto que es el más bonito de los que hay por allí. En realidad no se muy bien que es lo que vamos a hacer o a encontrarnos. Tengo un mapa del parque que he conseguido en internet, en el que viene muy bien señaladas las diferentes rutas que hay, los aparcamientos y cómo llegar hasta allí. Salimos después del tranquilo, tranquilísimo desayuno que hemos tomado, siguiendo el mismo camino que lleva al castillo de Spiss, para poco antes de llegar desviarnos por una carretera más secundaria aún hasta el parque. El aparcamiento que hay a la entrada está lleno y nos hacen aparcar justo al lado, en un aparcamiento auxiliar, por llamarlo de alguna manera ya que es el campo puro y duro. Eso si, nos cobran las 100 skk como si fuera el aparcamiento oficial. También hay que pagar 20 skk al día por disfrutar de tu estancia en este Parque Nacional.
De verdad que no sabía muy bien qué me iba a encontrar en esta ruta, muy concurrida, por no decir abarrotada, por otros turistas. Según el mapa el camino discurre por un barranco en el que hay unas cuantas escaleras para salvar los desniveles. Claro, yo estoy acostumbrado al descenso de barrancos que hacemos en la zona de Pirineos, y para lo cual, generalmente, necesitamos un equipo completo de traje de neopreno, arneses y cuerdas. Si aquí lo que haces es subir el barranco, no debe ser especialmente complicado ya que según vemos es una ruta para domingueros, en la que vemos niños pequeños y una señora que lleva un bebé de poquitos meses en una de esas mochilas que hay para transportarlos. El comienzo de la ruta no es nada difícil, y vas cruzando de un lado a otro del pequeño curso de agua que baja por el barranco, que por otro lado está abierto y no tiene mucho desnivel. Cuando hay que andar imperativamente por el agua, con el fin de no tener que vadear el arroyo, han colocado pasarelas hechas de troncos de madera. Aunque hay bastante gente, se va rápido hasta que llegamos a la parte principal. Frente a nosotros hay una pared de unos 20 metros de alto que hay que subir por unas escaleras metálicas colocadas al efecto. Bueno, tampoco es nada del otro mundo, salvo si sufres de vértigo como le pasa a Ana. Sube muy tranquilamente, de la mano de Alfonso, muy metido en su papel de hermano protector (deberíamos darle el premio al mejor hermano).
Al terminar el barranco comemos y después bajamos tranquilamente hasta el aparcamiento, parando antes en el bar a tomar unas cervecillas. En realidad, la única que toma cerveza es Ana, Gustavo, come, por supuesto, y el resto picoteamos de las cosas que llevamos y de la media sandía que venden y que a Esther se le ha antojado. Vale, también se le ha antojado a Gustavo, pero era algo obvio.
Antes de volver al hotel buscamos un spa, ya que a todos les apetece relajarse un poco, aunque no tenemos éxito en esta empresa y volvemos al hotel. Después de la ducha bajamos a cenar el restaurante del hotel. Comemos bien y en absoluto es caro, ya que por seis personas hemos pagado 22 euros, y hemos comido bien. Después de la cena vamos a dar un paseo por el camino que lleva del hotel a Tatranska Lomnica, aunque no llegamos hasta allí, pese a estar cerca.
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Abandonamos el hotel sobre las 11 de mañana. El tiempo ha cambiado totalmente y el día ha comenzado nublado y frío. Antes de abandonar el país paramos en la cueva Belianska Jaskyna (www.ssj.sk) e intentar entrar a verla. El aparcamiento cuesta 160 skk, por lo que dado que no nos queda casi dinero eslovaco, decidimos parar en la carretera y ahorrarnos el aparcamiento. Después, andando, no acercamos a las taquillas. La entrada cuesta 130 skk por persona. Hacemos cuentas, no tenemos bastante entre todos para entrar así que decidimos marcharnos de vuelta a Polonia.
Antes de cruzar la frontera paramos en Zdiar a gastar las últimas monedas eslovacas que nos quedan, que no son muchas, aunque dan para unas cuantas cervezas de las que darán buena cuenta mis amigos en España, que por cierto, a parte de costar 10 skk el cada botella de medio litro, están bastante buenas. Comienza a llover bastante fuerte. El tiempo se ha estropeado del todo. El camino hasta Zakopane lo hacemos bajo la lluvia, aunque cuando llegamos para de llover. No tenemos alojamiento reservado así que nos dirigimos a la oficina de turismo para que nos digan donde podemos encontrar alojamiento. No tienen ninguna información de utilidad. Nos dan la dirección de una agencia inmobiliaria en la que preguntamos y nos ofrecen algo relativamente caro. Mientras estamos comentando la oferta que nos han hecho en la agencia en la calle principal de Zakopane, alguien llama nuestra atención:
- ¡¡Ahí va!! ¿que haces aquí? - dice Chave sorprendidísima.
- ¿Y tú? - responde el desconocido.
El desconocido resulta ser Pepe, un antiguo compañero de trabajo de Chave que también está de vacaciones por la zona, y que ha llegado a Zakopane de rebote, después de comenzar sus vacaciones en los Dolomitas (Italia) y tras pasar por Alemania y Lituania, y es que el mundo es un pañuelo (eso sí, lleno de mocos). Nos comenta que está en la Dom Turistiky, un enorme edificio pintoresco que funciona como albergue. Vamos hasta allá todos para ver que tal está. El precio es económico, y la habitación que nos dan es amplia y no está mal. Decidimos quedarnos, aunque como a Esther se le ha metido en la cabeza que quiere alojarse en una cabaña, al ir a por el coche, antes de volver al albergue paramos en un camping a ver si tienen cabañas libres. Como la respuesta ha sido que no, volvemos al albergue. Salimos todos a dar una vuelta por la ciudad con los paraguas en la mano ya que llueve de forma intermitente. La calle principal está completamente abarrotada de gente. Además se está celebrando en la ciudad un festival internacional de folklore, y en este preciso momento las delegaciones de los diferentes países que participan están desfilando mostrando parte de los bailes que deben llevar a cabo en sus actuaciones. Tras el desfile vamos calle arriba parando en todas las tiendas, poco más podemos hacer con el tiempo que hace. Ahora pienso que teníamos que haber cambiado algo de dinero para entrar en la cueva, que he visto por internet que estaba bastante bien, y es que Eslovaquia tiene bastantes cuevas, alguna de ellas Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, y en general una naturaleza bastante interesante. Pero ahora estamos en Polonia, en Zakopane, subiendo y bajando por la única calle que tiene la ciudad, aunque por un mapa he visto que hay más calles, aunque esta nos tiene prisioneros, como a los protagonistas de una de las películas de Buñuel que son incapaces de salir de una habitación. Nosotros estamos cautivos en esta calle, aunque para mi alegría, he visto una barbacoa donde prepara czszaszlik (brocheta), kielbasa (una especie de salchicha cruzada con un chorizo) y otras delicias de barbacoa. Mi boca comienza a segregar saliva pensando en la fiesta del colesterol que me voy a dar para cenar. Seguimos calle arriba y calle abajo, parando para hacer compras de algunos regalos y recuerdos o simplemente curioseando. A la hora convenida vamos a nuestra fiesta del colesterol.
Después de la cena y las cervezas bajamos andando al recinto ferial, donde la gente está sentada en torno a unas grandes hogueras. En una de ellas hay mucha gente reunida. Una de estas personas, que debe ser uno de los participantes en el festival pues está vestido con un traje típico, está tocando el acordeón. Otro está cantando. Cuando termina su estrofa todos ríen, y comienza otro una estrofa diferente con idéntico resultado, por lo que deducimos que deben estar cantando algo así como el badumbadumbadero o el dolor más dolorido, típicas canciones que por lo que vemos son tienen versiones en todos los idiomas. Como no entendemos nada nos acercamos a una fogata más tranquila, en la que sólo estamos nosotros. Allí al calor del fuego estamos un buen rato hasta que comienza a llover. De camino al albergue Pepe se encuentra con unos amigos polacos que ha conocido la noche anterior. Salen de marcha y nos invitan a todos a que les acompañemos. Por supuesto aceptamos, pero el lugar donde nos llevan está bastante retirado y yo llevo tiempo que arrastro los pies para andar. Me rindo. No puedo seguirles. Les aviso de que no les acompaño y que vuelvo al albergue. Esther y Alfonso vuelven conmigo.
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Nos levantamos muy tarde, que importa, sigue lloviendo con las nubes muy bajas, por lo que no podemos hacer ninguna ruta pues a poco que subamos no vamos a poder ver nada. Desayunamos también muy tranquilamente y salimos a dar una vuelta también muy tranquilamente, adivinais a dónde... efectivamente, a la calle principal. La subimos, la bajamos, paramos en todas las tiendas y seguimos sin poder salir de esa calle. Hay unos pequeños puestos en los que venden lo que parecen bollos. Dado que cuestan 1 zl, me decido a probarlos, y me sorprende el comprobar que no son bollos, sino queso, con un sabor ahumado. Me gusta bastante, aunque a mi me gusta mucho el queso.
El principal tema de conversación de hoy es la fiesta de nuestros amigos la noche anterior con los nuevos amigos polacos. Estuvieron en un bar que celebraba su 25 aniversario con una fiestecilla para unos pocos. Lo que más les chocó fue que la mayoría de los bailes eran agarrados, fue el tipo de música que fuese. Es decir, se baila agarrado tanto un bolero como una canción de Bon Jovi, aunque debe tener sus reglas, pues a Ana se le ocurrió dar una vuelta en un momento de uno de los bailes y su compañero de baile, polaco, le llamó la atención diciendo que en esa canción no se podían dar vueltas. Evidentemente, Ana se sorprendió bastante. Llegaron al albergue bastante tarde, pero ni me enteré.
La comida la hacemos en la calle principal, por supuesto, en un restaurante en el que el menú cuesta 12 zl, que al cambio son unos 3 euros. Comemos bastante bien. Después, abandonamos por fin la calle principal. De verdad que pensé que nunca la conseguiríamos. En Zakopane hay muchas casas típicas, todas ellas de madera, muy bonitas. Llegamos hasta el bar donde nuestros compañeros estuvieron la noche anterior.
Por la noche cenamos en un restaurante de la calle principal en que además de comer puedes bailar, ya que dispone de una pista de baile y música en directo. No se si será el tipo de música que gusta a los polacos, pero en general la música es del tipo melódico italiano o francés. Cenamos bastante bien, algo más caro que la comida de la mañana, pero con poca diferencia.
Podríamos haber visitado la cueva de Eslovaquia o habernos marchado directamente a Cracovia, pero nos hemos quedado en Zakopane haciendo algunas compras. En fin, un día tranquilo. El tiempo nos ha fastidiado un poco.
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También hoy nos levantamos tarde. Hoy ya no llueve por lo que decidimos que en lugar de ir directamente a Cracovia vamos a hacer el descenso del río Dunajec, que comienza en la pequeña localidad de Katy hasta la ciudad balneario de Szczawnica.
Aunque no viene bien indicado en el mapa de carreteras que llevamos, no nos cuesta demasiado encontrar el camino a Katy, y una vez en la zona, bastantes carteles indican la dirección hasta el lugar donde salen las barcas, aunque muchos de los carteles están en polaco. Dejamos el coche en la explanada que hace de aparcamiento junto a las taquillas (8 zl). Antes de comprar las entradas comemos algo de lo que llevamos en la furgoneta.
El río Dunajec está dentro del parque nacional Pieninsky y en uno de sus tramos hace frontera con Eslovaquia. Hay dos tramos de diferente longitud para hacer el descenso. El primero hasta Szczawnica, que cuesta 33 zl y el otro hasta otra ciudad unos pocos kilómetros más adelante que cuesta 44 zl. A este precio sumamos el de los 5 zl que cuesta el autobús de vuelta y que podemos comprar en las taquillas también, y los 2 zl que cuesta la entrada al parque nacional. Las barcas son cajones de madera de unos 4 o 5 mts de largo por unos 50 cm de ancho, unidas unas a otras hasta formar un ancho total de unos 2 mts, suficiente para que entren cuatro personas. Un remero en la parte delantera y otro en la trasera, vestidos con trajes típicos, guían las barcas ayudados por unas pértigas de unos dos metros. El remero de la parte delantera nos dice algo en polaco. Parece que nos está dando explicaciones de lo que vamos a ver o lo que vamos a hacer, pero ve nuestra cara de poker, y la de la familia que hay sentados tras nosotros, que son italianos, y nos pregunta si hablamos polaco. Como no habla otra cosa, se acabaron las explicaciones. El descenso es bastante tranquilo, un paso agradable entre las montañas del parque, donde los rápidos no son especialmente bravos. Pasamos por delante de donde salen las barcas que hacen el descenso desde el lado eslovaco. Vemos también, que en la orilla del lado eslovaco es posible hacer el camino de vuelta por un agradable camino entre árboles, ya sea andando o en bici, por lo que estamos pensando en volver de alguna de estas dos maneras. Sin embargo, la barca nos deja bastante más abajo y no sabemos si vamos poder cruzar al lado polaco una vez que hayamos comenzado, por lo que no lo intentamos.
Junto al embarcadero donde termina nuestra ruta en barca hay una cervecería que sirve también comida. El agradable sol que hace esta tarde nos ayuda a decidirnos parar un rato a tomar una cerveza acompañada por una trucha que pido en la barra moviendo la mano en zig-zag a la manera de la manera de nadar de este pescado, ante las risas de los camareros que me atienden. Tranquilamente damos buena cuenta de nuestras cervezas y de la trucha, difrutando de un sol que no hemos visto en dos días, y que por aquí calienta, pero no achicharra. Después vamos hacia el autobús, donde hay bastantes conductores ofreciéndonos su propio autobús. Encontramos sin dificultad el nuestro que está a punto de salir. En unos 30 minutos estamos de nuevo en el lugar donde comenzamos unas horas antes, aunque ahora ya no hay nadie. Cogemos el coche y tomamos rumbo a Cracovia.
Puesto que el albergue en el que estuvimos la primera vez en la ciudad no nos gustó, vamos a buscar otro. Cogimos en el albergue de Zakopane un folleto, de un albergue en Cracovia y vamos a preguntar allí primero. Nos cuesta un poco encontrar el albergue ya que la zona está en obras y hay muchas calles cortadas. Finalmente hemos aparcado el coche en un sitio que parece que dice que no se puede aparcar, y con el fin de no pagar una multa, decido quedarme en el coche y mientras el resto busca el albergue. Como suponía, la avanzadilla a decidido que nos quedemos en este albergue lo que nos queda de viaje. El albergue no está mal, es un edificio de viviendas en la que cada casa ha sido reestructurada para que cada habitación de la casa sea una habitación de huéspedes con un baño común para cada grupo. Tiene sala de televisión, bar e internet gratuito, y no es especialmente caro, así que nos quedamos allí. Eso sí, está un poco retirado del centro, pero como tenemos coche, no hay problema.
Tras dejar nuestras cosas en la habitación, vamos al centro a cenar. Buscamos un sitio, pero ya es algo tarde y casi todo está cerrado o a punto de cerrar. Decidimos ir al Drácula unos kebabs y unas pizzas. Después, pese a la oposición de Chave y Gustavo, a los que nuestro día de superaventura les ha dejado un tanto extenuados, damos un vueltecilla por la plaza. Alfonso y yo escuchamos el sonido de una trompeta que parece venir de las torres de la Iglesia de Santa María. Nos acercamos a ver que puede ser. Yo no he visto nada, pero Alfonso dice que es un hombre que sale por una ventana tocando la trompeta. Yo, que he estado más cerca de él, si le creo, pero el resto piensa que les estamos tomando el pelo. Mañana lo comprobaremos. Volvemos al albergue. Antes de dormir bajo un rato a mirar en internet y ver que hay en la tele, donde se puede sintonizar el canal internacional de televisión española. Cuando subo veo que están todos aún despiertos. Han estado colocando unas mantas en las persianas para que la luz exterior no moleste su sueño.
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DIA 12.- CRACOVIA - P.N. OJCOW - CASTILLO DE OGRODZIENIEC - DESIERTO - CRACOVIA. |
Para no perder la costumbre, nos levantamos muy tarde, y cuando nos ponemos es marcha es tremendamente tarde. En cualquier caso tampoco importa mucho. El día de hoy es uno de esos días que yo llamo "de relleno", y no porque no haya cosas que hacer, sino porque como nadie se preocupa demasiado pues se hace lo primero que se le ocurre a alguien. En cualquier caso, vamos a hacer la ruta de los "nidos de águila", ruta que nos conduce a través de las ruinas de diferentes castillos en una ruta que va desde Cracovia a Czestochowa (o viceversa). Una vez que por fin hemos salido, nos dirigimos al P.N. Ojcow. donde nuestra intención es visitar el castillo Pieskowa Skala. Creo que en realidad no sabemos muy bien donde vamos. Al llegar al parque nacional, el vigilante del parking se acerca a por el dinero. Parece que hay lo que hay para ver es una cueva, que no es lo que queremos nosotros. El señor del parking, señalando nuestra guía, nos pregunta dónde queremos ir. Señalo el castillo y él nos dirige en dirección contraria.
En lugar de aparcar en los aparcamientos que hay junto al castillo, nos alejamos un poco más hasta un camping que hay unos 500 metros más arriba, donde dejamos el coche (5 zl). Después por una carretera y caminos entre espesos árboles, nos acercamos al castillo. La entrada cuesta 7zl, y dentro no hay nada en especial, salvo un pequeño museo de arte que hay que visitar con las pantuflas que nos pusimos en el castillo de Varsovia para no rayar el suelo. En los patios y jardines del palacio unos novios se están haciendo las típicas fotos de boda, con las típicas poses que deben estar en todos los manuales de los fotógrafos de boda. Junto al castillo hay una roca pintoresca, un gigantesco "as de bastos" clavado en el suelo por la parte más estrecha, que se llama algo así como la estaca de Hércules o el clavo de Hércules. Tomamos unas cuantas fotos y nos marchamos.
La siguiente parada es en el castillo de Ogrodzieniec, bastante alejado ya de nuestra primera parada, y a donde llegamos fácilmente tras un buen rato de conducción por las estrechas carreteras de la zona. Antes de visitar el castillo, comemos algo en un chiringuito que hay en la parte de abajo del castillo, donde están los aparcamientos (de pago, claro). Después subimos al castillo. No hay demasiada gente y da la impresión de estar cerrado. Entramos sin pagar los 5 zl que cuesta la entrada, pero nadie nos da el alto, parece que ya no hay que pagar. No obstante, entramos tímidamente por si alguien nos dice que debemos pagar. Poco a poco me doy cuenta de que nadie nos va a pedir nada, y comienzo la exploración del castillo. En el patio de armas del castillo hay unos chiringuitos y tiendas de recuerdos que están cerradas, pero puedes andar todo lo que quieras por las murallas, que es lo que hacemos.
De camino al coche, vemos en las postales que hay un desierto por esta zona. También lo hemos visto señalizado mientras veníamos, pero un desierto en Polonia, como que no debe ser tan desértico, pensamos todos. Sin embargo, las postales muestran unas dunas de arena amarilla, como las que podríamos ver en el Sahara, así que en lugar de visitar más castillos, decidimos ir a ver este desierto. Nos cuesta mucho encontrarlo. Hemos tenido que preguntar un par de veces, y porque soy yo el que pregunta normalmente, si por Chave fuese, preguntaríamos a todo aquel que se nos cruzase en el camino, y es que Chave, es la típica mujer que ni se molesta en mirar el mapa, pregunta directamente, o más bien da órdenes a los demás de que pregunten; y yo soy el típico tío (macho man) que nunca pregunta. Vaya discusión todo el viaje con pregunta a estos. Por lo menos no es como Esther, que cuando quiere que pregunte algo, tiene que ser ¡Ya!.
El desierto de Bledowki no es nada del otro mundo. Sí es curioso ver una duna típica sahariana en un lugar que no entra en la cabeza que pueda haber otro desierto diferente de la tundra siberiana, pero la arena de la duna está sucísima, con bastante desechos de gente que debe ir allí a hacer vete tu a saber qué. Este desierto tiene el problema contrario que tenemos en España, que mientras nuestros "desiertos" se hacen cada vez más grandes, éste se hace más y más pequeño, cubriéndose de vegetación poco a poco. Tendrán que nombrarlo Patrimonio de la Unesco para que se conserve como lo que es.
De regreso a Cracovia cenamos en el primer restaurante que habíamos elegido ayer, un lugar bastante grande, donde sirven comida típica americana y alguna que otra sopa de la región. En cualquier caso cenamos bien, y al precio que me ha costado mi plato, me he puesto como el kiko. Antes de volver al albergue, damos una vuelta por la plaza para ver si vemos el trompetista y que todas se convenzan de que Alfonso no les tomó el pelo. A la hora en punto, aparece por una de las ventanas, tocando su melodía, que repite tres veces más, por cada una de las ventanas de la torre más alta de la iglesia de Santa María. El toque recuerda el antiguo aviso de peligro que desde esta torre, construida más alta que la torre derecha con el fin de servir de puesto de vigilancia, daba un trompetista. La melodía termina de una forma brusca dado que uno de los trompetistas hace muchísimos siglos, mientras daba avisaba del peligro, fue muerto por una flecha que lazó uno de atacantes. Volvemos al albergue. Antes de dormir, bajo a mirar el correo en internet. Gustavo también baja, le han echado las chicas porque como ronca, van a ver si se duermen antes ellas que él.
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Ni que decir tiene que también nos levantamos tarde. La idea de hoy es hacer un circuito en bicicleta con guía por la ciudad. No estoy muy convencido ya que las explicaciones son en inglés, y no me apetece demasiado, pero a decir verdad tampoco me desagrada la idea, por lo que no digo esta boca es mía. Que decidan el resto. Chave ha decidido por todos y ha bajado a sacar las entradas. La visita comienza a la una en una de las calles que dan al castillo. Pese a que sea tarde, y que salimos aún más tarde, tenemos bastante tiempo hasta el momento de comenzar la ruta. Aparcamos el coche en el parking que hay junto al castillo, que cuesta un potosí. Hubiese sido mucho más económico haber sacado unos tickets y haberlo dejado directamente en la calle.
Nos sobra aún media hora y nos separamos. Chave, Gustavo y Ana van a comprar unas entradas para un concierto de música de cámara que se celebrará por la tarde en una sinagoga del barrio judío. Yo aprovecho para comprar unos libros de ruso que he visto a un precio aceptable en una librería, y Alfonso y Esther, no tengo ni idea de lo que hacen. A la una estamos ya todos en el punto de salida, con el resto del grupo, gente de todas partes de la tierra. Nuestro guía es americano, de Florida, un tío grandote que tiene un inglés bastante comprensible para mis oídos, lo cual no está mal. Desde la zona del castillo bajamos hasta el barrio judío a pie, parando en algunos sitios donde nos da unas explicaciones históricas sobre lo que vemos. Una vez en el barrio judío, cogemos cada uno nuestra bicicleta y comenzamos la ruta, que nos llevará a visitar el casco antiguo de la ciudad, el barrio y el gueto judío, y la fábrica de Oscar Schilder, que a decir verdad no tenía ni idea de que estaba por allí. Las explicaciones que nos da, generalmente tratan sobre la segunda guerra mundial, y las atrociades de los nazis en Cracovia. También, nos hace referencia a la película de la lista de Schilder, señalándonos pasajes de la película con el lugar en el que se rodaron o donde sucedieron.
La ruta a estado muy bien. Me ha gustado bastante, aunque ha terminado un poco tarde para Ana, Gustavo y Chave que tienen que irse corriendo a la sinagoga, pues el concierto está apunto de comenzar. Alfonso, Esther y yo, nos vamos hacia el centro con un chico francés que hemos conocido en la ruta en bici, Emmanuel. Primero vamos a sacar el coche del parking para que no nos sableen más y lo dejamos en una calle cerca del centro donde, por la hora que es, ya no hay que pagar. Tranquilamente vamos al barrio judío a esperar a que salgan los del concierto. Nos cuesta mucho encontrar la sinagoga, y cuando la encontramos parece que ya ha terminado todo y que está cerrada a cal y canto. Decidimos ir a cenar, ya los veremos en el albergue. La cena la tomamos en un puesto que hay en un mercado en el barrio judío. La plaza está bastante animada con los bares que hay alrededor. Voy a proba la zapiekanka, una barra de pan tostado, cortado longitudinalmente y sobre la que se hecha queso, ketchup, champiñes y esas cosas que se echan a las pizzas. Está rica,... y barata.
Damos una vuelta por la sinagoga a ver si vemos al resto. Al parecer, la entrada a la sinagoga era por el otro lado, y ahora si que se ha acabado el concierto está cerrada. Echamos un vistazo en los bares que hay alrededor y allí están los tres, tomando un café. Volvemos a cenar con ellos al mismo puesto en el que hemos cenado antes y tras su cena, entramos en un bar a tomar unas cervezas. El albergue de Emmanuel está cerca de donde nos encontramos, nosotros tenemos un más o menos largo camino hasta el coche y después al albergue. El día de hoy me ha gustado.
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Poco nos queda ya por hacer en Cracovia. Nuestras vacaciones están llegando a su fin. El día de hoy lo dedicamos a repasar a pie algunos de los puntos que vimos en el día de ayer. Lo primero de todo, volvemos al barrio judío a visitar la sinagoga vieja. Dentro hay un museo que explica las diferentes costumbres de la religión judía. Es interesante. Seguimos deambulando por la ciudad, parando más detenidamente en los sitios que más nos llamaron la atención de la visita de ayer, terminando en el castillo, donde visitamos la catedral. No entramos al castillo ya que nos han comentado que no es especialmente interesante. Tomamos algo en la terraza del castillo y nos vamos a la plaza del mercado, donde Chave y Gustavo quieren terminar de comprar regalos para amigos y familiares.
A las siete hemos quedado con Emmanuel en la estatua que hay
en el centro de la plaza. Hoy a estado en una visita al campo de concentración
de Auschwitz y nos comenta y enseña algunas fotos de lo que ha visto. A
nosotros nos toca mañana, antes de ir al aeropuerto.
Una vez que nuestros amigos más gastones han terminado con su dinero, vamos a cenar. Esta vez, cenamos en un restaurante donde hay comida más polaca. Cenamos bastante bien y barato. Después, unas cervecitas en un garito al que nos lleva Emmanuel. Fin de la noche, nos despedimos de nuestro compañero antes de volver al albergue.
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Con la tranquilidad habitual de los últimos días, abandonamos el albergue tras pagar el albergue y el aparcamiento donde hemos dejado el coche por las noches. Una vez hemos cargado los bultos vamos a visitar Auschwitz, el campo de exterminio más tristemente famoso de los nazis. La mayoría de las carreteras que conducen al campo son estrechas y tardamos bastante en llegar.
Auschwitz se encuentra a las afueras de la ciudad de Oswiecim, y se compone de dos zonas separadas y distintas. Auschwitz I y Auschwitz II. En el primero es donde se encuentran las taquillas. A la llegada hay una serie de aparcamientos en los que hay que pagar 7 zl por todo el día. No queda más remedio que dejarlo allí. La visita a los campos es totalmente gratuita, y existe la posibilidad de realizar la visita con un guía por 26 zl. Según la web del campo, hay guía en varios idiomas, yo intenté hacer reserva de un guía en español antes de salir de vacaciones, pero me respondieron que para esas fechas no estaba esta posibilidad disponible. En taquilla comprobamos que la única posibilidad es un guía en inglés o en polaco. Sigo muy reticente a coger un guía en inglés, pero como los demás se empeñan... En diez minutos estamos con nuestra guía que nos conduce por los lugares con más historia del campo.
El campo de Auschwitz I es un antiguo cuartel del ejercito polaco que se empezó a utilizar como cárcel para los prisioneros de guerra. De hecho, salvo por las alambradas electrificadas y las torres de vigilancia que lo rodean, al estilo del campo de la película "La Gran Evasión", el resto no parece lo que es. El recinto está compuesto por una serie de edificios de ladrillo alargados que fueron utilizados como prisión. La guía que nos ha tocado habla muy bajito lo que me dificulta bastante entender lo que dice, además tiene un tono muy monótono, que hace que sus explicaciones resulten un tanto aburridas. Además va muy rápido y nos da poco tiempo a ver las diferentes salas. Lo cierto es que no es necesario en absoluto un guía para realizar la visita. A la entrada a algunos de los barracones, suele haber una tabla explicativa en inglés de para qué era utilizado. Además, en la tienda se puede comprar una guía en español por 3 zl, que te da prácticamente la misma información que tienen las tablas y que te proporciona el guía. Con este guía hemos patinado.
En general en cada barracón te cuentan un poco la historia del campo y lo que era la vida dentro. Otros pabellones están dedicados a países que tuvieron prisioneros en el campo. Estos no los visitamos con el guía. Finalmente, en no de los pabellones más alejados de la entrada, provisto de celdas y mazmorras, es donde se comenzaron las primeras pruebas de cámara de gas. Algo separado del recinto se encuentran la primera cámara de gas y los hornos crematorios.
Lo que más me impresionó de la visita son las fotos que hacían a los prisioneros a la llegada al campo, con el traje de prisionero. Casi todos tienen el rostro serio, sabedores de dónde están, alguno, sin embargo, posan para la foto con una ligera sonrisa, como si fuese un mero trámite para un carnet de identidad en el que debes salir lo mejor posible. En el pie de foto consta la fecha en la que entraron y la fecha en la que murieron. Por regla general las mujeres aguantaban tres meses y los hombres seis, algunos algo más antes de fallecer de agotamiento y desnutrición. Los primeros prisioneros llegaron a Auschwitz engañados. Les contaron que les trasladaban al este donde les darían tierras para trabajar y casa, por eso llevaban todos en sus maletas sus mejores pertenencias. Al llegar allí les despojaban de absolutamente todo lo que llevaban: ropa, gafas, cepillos de dientes, zapatos, etc., que era reciclado y se vendía en Alemania. También les cortaban el pelo, con el que fabricaban sacos y otras prendas. En el pabellón donde realizaron las primeras pruebas de asesinatos masivos hay unas celdas de aproximadamente un metro cuadrado, donde metían a cuatro prisioneros obligándoles a estar de pié toda la noche. Finalmente, la cámara de gas es una habitación cuadrada con unos orificios en el techo por donde entraba el gas. La habitación de al lado son los hornos crematorios.
Para ir a Auschwitz II hay que tomar un autobús gratuito que está junto a la entrada a las taquillas. En cinco minutos estamos en el campo. Este campo sí parece lo que es. Por el edificio de control entraban los trenes repletos de personas. En la explanada central eran separados los hombre de las mujeres y llevados a diferentes barracones, o directamente a las grandes cámaras de gas construidas al final de las vías. Los barracones tienen cama corrida con una estufa y unas tuberías para distribución del calor, bastante insuficientes para el frío que suele hacer en esta zona de Europa. Las cámaras de gas fueron destruidas por los nazis al abandonar el campo para no dejar pruebas, pero se pueden ver los amasijos de hierros y los escombros de las salas. Un monumento recuerda a todas las víctimas, con el mismo mensaje escrito en varios idiomas. El mensaje escrito en español está en un español muy raro. En la tienda de regalos he visto un libro en inglés y en un idioma parecido al español, que me dio la impresión que debía ser español sefardí, el de los judíos expulsados de la península en tiempo de los Reyes Católicos y que según hemos estudiado en el colegio se sigue hablando por sus descendientes.
Tomamos el último bus para volver a Auschwitz I, donde tenemos el coche. Queda poco tiempo para que cierren el campo. Descasamos del recorrido. Antes de cerrar decido visitar alguno de los pabellones que no hemos visitado con el guía. Primero el de Polonia en el que veo que hacen incapié en que durante la guerra sufrieron dos agresiones: la de los nazis por el oeste y la de los rusos por el este. En el pabellón de Rusia no hay gran cosa, y en otros pabellones que veo dado que están en el idioma del país al que están dedicados, no entiendo nada. Vuelvo con mis compañeros y abandonamos tan infame lugar.
A mitad de camino entre Cracovia y Oswiecim se encuentra Wadowice, lugar de nacimiento de Karol Wojtyla, nombrado en 1978 Papa de la Iglesia Católica con el nombre de Juan Pablo II. Nuestra intención, si nos sobraba tiempo, era visitar esta ciudad, pero aunque el tiempo lo tenemos, no tenemos las ganas. Decidimos ir a Katowice para cenar y después tranquilamente ir al aeropuerto.
Katowice es una ciudad que no nos enseña ningún encanto especial. A la entrada unas torres de edificios en los que yo cuento 30 plantas y alguno de mis compañeros no menos de 25, nos dan la bienvenida informándonos de los que podremos ver allí. Dejamos el coche aparcado en el centro, encima de la acera, ya que parece que aquí en Polonia se puede aparcar sobre las aceras, colocando encima todo el coche, o solo una parte, según indiquen las señales.
Buscamos un sitio para cenar. Después de dar un par de vueltas muy muy rápidas, decidimos entrar en un restaurante en el que vemos que podemos comer un menú por 10 zl. El lugar es una especie de discoteca en el que sirven cena hasta las nueve, hora en la que abren la pista de baile. Cenamos bien, muy tranquilamente, terminando pasadas las nueve, cuando ya ha empezado el baile, y algunas parejas exhiben sus bailes ante nosotros. Se ha acercado a nosotros un señor con pinta de gorila de discoteca diciéndonos algo en polaco, que no hemos entendido, pero que suponemos que es algo así como que si nos queremos quedar tenemos que pagar una entrada. Nos hemos hecho los guiris y no ha dejado tranquilos. Después de los postres vuelve otra vez, y con un poco de inglés nos dice que hemos de pagar 15 zl si queremos quedarnos. Cuesta más que la cena que hemos tomado, así que decidimos marcharnos. Damos unas vueltas por el centro de Katowice. Decidimos marcharnos al aeropuerto.
Las carreteras que llevan al aeropuerto, una vez que abandonamos la autopista son muy estrechas, lo que nos hace dudar sobre si vamos en el buen camino. Parece que nos estamos metiendo en carreteras de montaña y a saber donde apareceremos. Vemos de vez en cuando algún cartel que nos confirma que vamos por el buen camino. Tras un rato llegamos, descargamos y buscamos un lugar donde pasar la noche hasta el momento de facturar. Por las pantallas de información de vuelos no aparece nuestro vuelo y sí uno posterior ¿será que nos lo han retrasado?. Dado lo tarde que es no hay ninguna persona que pueda informarnos. Ana, Gustavo y Esther deciden ir al coche a dormir lo que puedan. Alfonso, Chave y yo buscamos un lugar donde tumbarnos, que ha de ser en el suelo de la primera planta, ya que los asientos de la terminal no permiten tumbarte. Sigo intentando enterarme si nos han cambiado el vuelo o no, pero no hay forma. Aparecen unos chicos que van en el mismo vuelo que nosotros. Comento con ellos que no aparece nuestro vuelo. Sigue sin haber nadie a quien preguntar, así que decido unirme a Chave y Alfonso e intentar dormir un poco. Me despierto poco antes de que se abra nuestro mostrador de facturación. Nuestro vuelo ya aparece en las pantallas.
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Llegamos al aeropuerto de Gerona sobre las ocho. Mis compañeros quieren alquilar un coche para quedarse un par de días en la zona, disfrutando de la playa. Yo prefiero volver a Madrid. Después de preguntar en los mostradores de las agencias de alquiler de coche, nos confirman que no hay coches disponibles, por lo que decidimos marchar a Barcelona en autobús (11 euros). Desde la parada de autobús a la estación de autobuses hay poca distancia, pero con una maleta es bastante incómodo.
Hay autobuses a Madrid cada hora, pero los dos siguientes están completos. En el tercero encontramos sitio para todos por 22 euros cada uno. Mientras esperamos la salida, nos turnamos para ir a comer. Gustavo, Chave, Ana y yo comemos en un bar que hay junto a la estación. Es de lo peor que he comido en todos estos días y de lo más caro. Avisamos a Esther y Alfonso de que no vayan al mismo sitio que hemos ido nosotros.
El viaje a Madrid lo hago dormido la mayoría del trayecto. Tras ocho horas ya estamos en avenida de América, donde los padres de Alfonso, y los padres de Chave nos están esperando.
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