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Teníamos ganas desde hacía tiempo de hacer la ruta del Conde Drácula por Transilvania, así que Jose estaba atento a los vuelos baratos a Rumanía y según salieron los compramos. El vuelo a Madrid-Bucarest-Madrid por Easyjet nos ha costado 95 euros. Luego tocaba alquilar el coche. En esta ocasión, en lugar de alquilar en los de siempre, conseguimos una furgoneta para los nueve que íbamos en www.eurocar.ro, a buen precio. Finalmente quedaba el tema del alojamiento, lo cual solucionamos rápido utilizando la red internacional de albergues juveniles (www.iyhf.org). Únicamente nos queda el seguro para el viaje, por si acaso, que en un momento tenemos contratado para el grupo en www.intermundial.es Así pues, NOS VAMOS A RUMANIA.
LLeamos sobre las 21:00 al aeropuerto Otopeni de Bucarest. Primeramente volábamos a Baneasa, pero nos cambiaros a este otro aeropuerto, no sabemos bien por qué. En cualquier caso, da lo mismo, pues uno está a unos 4 o 5 kms. del otro, en la misma carretera. Vamos a la entrada, donde hemos quedado para la recogida del coche. No vemos a nuestro contacto, por lo que le llamamos. En unos minutos estará allí. También aprovecho para sacar dinero rumano, leu o lei en plural, de un cajero. Los billetes me sorprenden, porque son de plástico, irrompibles y no se si ignífugos. Esto último no llegué a probrarlo. En seguida estamos en el coche. Para salir del aparcamiento hay que pagar unos 2 lei y entregar la ficha verde que te ha salido a la entrada. El alojamiento lo tenemos a unos 4 o 5 kilómetros del aeropuerto, en la carretera que lleva a Bucarest. Hemos elegido este albergue, Pensiunea Gabriela, porque está cerca del aeropuerto y no tener que entrar en Bucarest y así poder salir rápido al día siguiente. Con los croquis que tenemos para encontrar el albergue, no tardamos demasiado en dar con él. Una vez allí, tomamos posesión de nuestros aposentos. Son habitaciones modestas, pero bien. En el precio está incluido el desayuno y una botella de agua al día. Es curioso, que todos los albergues que vimos en Rumanía incluían una botella de agua al día en el precio. Algunos, incluso una cerveza al día. Después salimos a cenar. Es tarde, pero en la calle principal hay un restaurante italiano abierto, así que allí nos dirigimos. Sólo se puede pedir pizza y bebida. Nos sirven rápido, las pizzas están bastante bien y, lo mejor de todo, que nos ha salido baratísimo. Volvemos al albergue a dormir.
Nos levantamos muy pronto para comenzar nuestro viaje. Vamos a desayunar a la cocina un café y un boyo, que es lo que incluye el albergue. El dueño del albergue, que tiene muchas ganas de hablar, nos pregunta sobre nuestra estancia en Rumanía. Le contamos nuestras intenciones, y amigablemente, nos pone algunos peros, pues parece que algunas de las carreteras, además de ser malas, están en obras, con lo que vamos a pasar mucho rato en el coche. Nos entrega también un montón de documentación turística sobre Rumanía. Es muy simpático, pero habla tanto que le bautizamos como "el brasas de Brasov". Comenzamos el viaje. El primer tramo de carretera es autovía, que se acaba pronto, para convertirse en una carretera de doble sentido. Nos llama la atención la cantidad de perros que hay a lo largo de las carreteras, y que seguiremos viendo durante los cuatro días que estaremos allí. Según vi en las guías de viaje, en Bucarest hay muchísimos perros abandonados, pero no decían nada de fuera de Bucarest. Constatamos que los perros callejeros están por todo el país. Seguramente alguno de estos perros han nacido ya siendo callejeros. El camino se hace bastante bien y rápido hasta Ploiesti, donde no nos desviamos adecuadamente y terminamos perdidos en la ciudad, que por otro lado es fea hasta decir basta. De nuevo en la carretera encontramos atasco. Lo que pensábamos que íbamos a hacer en un par de horas, se convierte en un viaje de 4 horas. Finalmente llegamos a Sinaia, dejamos el coche en un aparcamiento (2 lei/hora) y vamos a tomar algo antes de visitar el castillo de Peles. También aprovechamos para cambiar dinero en una oficina de cambio, que sorprendentemente tiene un cambio terriblemente bueno, el mejor que he visto nunca en un sitio de estos.
Antes de abandonar Sinaia, visitamos su monasterio, fundado en 1695 en honor al monte Sinaí, y que da nombre a la ciudad. Como todas las iglesias y monasterios ortodoxos, es bantante bonito. También aprovechamos para comer. El sitio en el que entramos tarda un siglo en servirnos y la comida llega fría. No nos ha gustado nada. Proseguimos el camino, ya con menos atasco y llegamos a Brasov, donde vamos a pasar las proximas tres noches. La ciudad está en fiestas y está llena de gente. El albergue está justo en el centro, por lo que es imposible llegar en coche, ya que en determinado momento, las calles se hacen peatonales. Luis y yo bajamos a ver si lo encontramos. Está justo en la misma plaza mayor (digamos la puerta del Sol de allí), donde, por las fiestas hay un concierto. Al albergue llegamos atravesando unos callejones un tanto desalentadores. Una vez en la recepción, debemos llamar por teléfono al encargado del albergue, pues el albergue debe tener tres o cuatro habitaciones y aunque no somos los únicos que están en el albergue, cierto es que no da para estar allí una persona todo el día. Aprovecho para preguntarle el estado de las carreteras y tiempos de viaje a los sitios que tenemos intención de visitar. En unos 20 minutos ya estamos acomodados en la habitación, aunque ya es algo tarde. Aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad y para cenar en un restaurante yugoslavo. No tenemos mucho hambre, por lo que queremos "tapear" un poco. No se si nos lío el camarero, pero hemos pedido tanto, que pedimos que nos metan lo que sobra en una tartera que nos llevamos al albergue y que será nuestra comida del día siguiente.
Con las indicaciones que me dió el propietario del albergue, encontramos rápido el camino a Rasnov, donde visitaremos el castillo. En el camino, nuevamente a los lados de la carretera, se ven muchos perros abandonados. Al igual que Brasov, Rasnov tiene en lo alto de la montaña un cartel con su nombre, emulando el de Hollywood. La entrada al castillo cuesta 10 lei. Tiene un pequeño museo y lo que son las murallas por las que puedes andar todo lo que quieras. También tiene los servicios más inmundos y apestosos que he visto nunca, pero aguantando un poco la respiración.... Está lloviendo cuando llegamos a Bran, donde se encuentra el castillo del Conde Drácula. En realidad, como todos sabemos, Drácula no existió como tal, por lo que no vivió aquí. La historia de Bran Stoker se vasa en el rey Vlad Tepes, el empalador, que utilizaba este método contra sus enemigos Otomanos. Los lugareños le llamaros Dracul, el diablo. De aquí tomó Ban Stoker el nombre. Lo de beber sangré lo tomó de una condesa húngara que bebía sangre de jóvenes doncellas para mantenerse ella joven. Lo demás, corresponde a la magia y propaganda de Holliwood. Volvemos a Brasov. Aún es pronto, por lo que aprovechamos para visitar la ciudad, a parte de lo que ya vimos. Subimos a las atalayas desde donde se divisan buenas vistas. Está bien esta ciudad. Cenamos esta noche en el McDonalds (13, 70 lei el menú) y después a dormir.
Hoy tenemos un largo viaje. Primeramente visitamos Sighisoara, la ciudad que todas las guías dicen que es una maravilla. Llegamos a media mañana y dejamos el coche en el aparcamiento (6 lei/hora). Antes de comenzar la visita almorzamos algo. Siguishoara es la ciudad natal de Vlad Tepes. Tiene encanto, pero hemos llegado cuando la están reformando y está totalmentete en obras, con lo que desluce un poco. Supongo que cuando la arreglen quedará muy mona. A parte de las calles, visitamos la torre del reloj (5 lei) que tiene un pequeño museo en su interior. Después aprovechamos para comer. Nuevamente, el servicio es un bastante lento, pero por lo menos la comida es mejor que la de ayer. Proseguimos viaje a Sibiú. Esta ciudad fue capital europea de la cultura, y se nota, pues su centro está completamente remodelado. Las murallas nos recuerdan un poco a las de Tallín (Estonia), y el resto de la ciudad a otras ciudades que hemos visto en Europa del este. Subimos a la torre (3 lei) y damos una vuelta por sus calles. También aprovechamos para comprar en el supermercado. Volvemos a Brasov, y tal como nos había dicho el brasas el primer día, la carretera está en obras. Tal y como nos comentó el dueño del albergue de Brasov, el trayecto se hace en unas 3 horas. No da para más el día.
Salimos pronto hacia Bucarest. El camino ya lo conocemos, así que vamos muy seguros. Paramos un rato en Sinaia para tomar algo y proseguimos el viaje a Bucarest, donde llegamos según lo previsto. Vamos a comer al mismo sitio donde cenamos la primera noche, junto al aeropuerto, en el pueblo de Otopeni. Pedimos de todo, porque la comida está bien y además el precio es bastante barato. Eso sí, y como ya es costumbre, tardan un montón en servirnos. Comemos tranquilamente y después, vamos al aeropuerto. Es bastante pronto y nos da tiempo a dar unas cuantas vueltas y gastarnos los últimos lei que nos quedan. Después, llega el de la furgoneta, que tras una revisión rápida, nos da la conformidad y se marcha. Nosotros, ya con todos nuestros bártulos, vamos a facturar. Una vez hemos entrado a la zona de embarque, damos una vuelta por las tiendas. No hay muchas en este aeropuerto, y además es todo carísimo e inservible, por lo menos desde mi punto de vista. Como dice Jose, fíjate que en el aeropuerto debía estar todos a mejor precio, pues te venden las cosas libres de impuestos, y sin embargo es todo más caro. Hacemos tiempo hasta la hora de embarcar. Dentro del avión, uno de los pasajeros está borracho y molesta un poco. Al pedir más alcohol a la tripulación, estos se la niegan. Sin más novedades, llegamos tardísimo a Madrid. Pillamos un taxi que se pierde para llevarnos a Mar de Cristal, donde tenemos los coches, creo que sin mala intención, pero no estoy muy seguro. Me extraña que un taxista se pierda yendo del aeropuerto a Mar de Cristal. Bueno, entre pitos y flautas, hasta las 2 de la noche no estamos en casa. Y en un ratito, a trabajar. |
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